Es cierto, parece increíble tener que llegar a más de una década para reecontrarnos con valores de Merval como los que cerraron setiembre. Los buscamos por la nota acerca del saldo del mes, teniendo que rastrear en la estadística hasta una lejana rueda del que era mundo maravilloso de la Bolsa porteña, en pleno 1991, un todavía cálido día de marzo: como en un suspiro, el día 21 de ese mes abría las operaciones con «216» puntos Merval, y lo cerraba en los «276», habiendo atravesado el nivel de los «243» puntos (el de finales de este setiembre) como alambre caído. ¡Nunca más se testeó marca similar a lo largo de más de diez años!
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Un tremendo viaje redondo, una llegada al mismo puerto, de cuando el gran boom de inicios de los '90 se estaba armando con todo. Recordando que había partido de zona de unos «90» puntos, y que alcanzó el esplendor en los «890» puntos, del 1 de junio de 1992. Posteriormente, la depresión en el tequila es lo que alcanzó a marcas parecidas a las actuales, aunque un peldaño más arriba. No hay nada que una puntos intermedios, entre 1991 y el 2001 (parecen fechas de nacimiento y muerte). Este setiembre negro se llevó casi 24% de los precios, mientras que el año ya llevaba 42% de recorte. Son cifras para escandalizar a cualquiera, pero en nuestro medio nadie se inmutó por la baja de la Bolsa y ni siquiera fue tema de primeras planas al concluir el mes. La penosa señal del «no existís», una inversión que ha quedado totalmente raleada de las carte-ras locales. Salvo lo institucional, y algunos sufridos bolsistas fanáticos de la camiseta, la vida y obra de las acciones: no le importa más a nadie. Ni a nivel funcionarios, ni a marca de banqueros, ni siquiera a gente común y corriente. Realmente, le evitó un dis-gusto político más al vapuleado gobierno, que en otras épocas hubiera debido sufrir todo tipo de ataques por un mercado accionario cayendo más de 40% en el año, en nueve meses, o 24 por ciento en sólo un mes. Digamos que el único flanco positivo de esta crisis, que ha resultado terminal para una base de accionistas nacionales, pasó por esa ausencia de ruidos mediáticos en función de los llamados «pequeños inversores» perjudicados, que tanto se enarbolaban en el pasado. Epocas donde los gobiernos salían a culpar a los «especuladores», los más trasnochados proponían «regular las bajas», o engendros parecidos, y todo tenía un ciclo. ¿Recuerda?... ¡todo tenía un ciclo! ¿Han quedado elementos para volver a tenerlo? ¿O son los últimos vestigios, de una Bolsa nacional? Es la gran pregunta a contestar... Informate más
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