18 de octubre 2001 - 00:00

Cupones Bursátiles

Curiosa primera rueda por elecciones, vimos en nuestra Bolsa. En realidad, dentro de un día muy singular, donde aquellos «trencitos» que se habían conseguido formar en la semana anterior y alineándose detrás de la locomotora de Wall Street: se salieron de la formación y fue como si cada uno tomara vía propia. Repasemos, en ese lunes el Dow Jones estuvo casi sin variantes. En cambio, bajaba el NASDAQ de modo manifiesto. De inmediato, un mercado vecino como el mexicano, derrapaba en 3% de caída y poco vista en estos tiempos para ellos. Ya dentro de emergentes, se podía suponer que con México estuvieran los otros: no, empezando por un Bovespa que se despachó 5% de aumento, para después terminar de bordar en Buenos Aires y totalmente disociada de los otros. Porque no estuvo cerca, ni de la baja mexicana, ni de la suba brasileña, quizás hay que hallarlo emparentado -pura casualidad-con el caminar del Dow en ese lunes...

Bueno, pero el asunto no era ése. Sino, la primera reacción después de las elecciones (que salieron vergonzosas, tal como se podían prever) en nuestro recinto. Como pocas veces, la chatura total. La ausencia de actividad, con unos seis millones de efectivo tan sólo, y lo que denominamos como un mercado «impugnado» (o, en blanco) y asociado a lo sucedido el domingo.

La verdad, era para aplaudir a los operadores: porque ¿qué otra cosa cabía?, que esa actitud de gesto pasmado, sabiendo que lo que queda al oficialismo para gobernar, lo tendrá que hacer: en minoría. Sabiendo que la gente votó al blanco y que fue un durísimo cachetazo al sistema político (en realidad, no al sistema, sino a los hombres que han rellenado al sistema en estos años). ¿Qué es lo que llega ahora? Era la gran pregunta y el signo de interrogación -en las inversiones-se dibujó bien nítido, como un arco iris mientras llueve, en el recinto de nuestra Bolsa de Comercio.

No hubo bajas despiadadas, no hubo ningún tipo de alegría, hubo de lo peor: hubo desinterés, hubo indiferencia, y el voto en blanco e impugnado de lo bursátil se patentizó en las pocas órdenes, en las que faltaron. Si el mensaje preferido pasó a ser: «¡Que Dios nos ayude!», es también para aplaudirlo. Pero, esa primera rueda -no importa las que sigan-fue la jornada donde se traduce la sensación, la emoción, el impulso, ante un acontecimiento. Y dejó la exacta impresión de un recinto yaciente, de operadores deambulantes, de gente sin fe para seguir dispersando (y sin entusiasmo para seguir sosteniendo). Imposible continuar sin llenar ese vacío, sólo de ilusiones, de falsas expectativas y creencias, no se puede invertir (y vivir). Es la hora de la verdad.


Dejá tu comentario

Te puede interesar