21 de marzo 2002 - 00:00

Cupones Bursátiles

«Que el dólar baje depende del Central...» ¡Cómo no se les ocurrió antes, a los tantos ministros de Economía que fueron sepultados por una disparada de la devaluación! No es serio, ni preocupante, que lo diga un «alguien», pero que lo asegure un Oscar Vicente (en reportaje de «Clarín», domingo pasado) puede llevar más carga de adrenalina. Primero, aclaró una frase que ya había hecho historia de marzo: «Las empresas así son inviables». Y agregó, después, que si es que se mantienen las tarifas y el dólar no baja, no existe posibilidad de que las compañías paguen sus deudas... Una lástima, da para decir: si no había devaluación, las empresas eran viables y pagaban sus deudas. De allí que Vicente pida por la intervención del Central, ya que -según el mismo directivo-«hubiera preferido una devaluación puntual y mantener la convertibilidad. Por ejemplo, a 1,30...». Con tarifa y todo, se supone que ese nivel es lo que alcanzaba para los objetivos del grupo empresario en particular. Otra fórmula sencilla, haber confeccionado una segunda convertibilidad y que todo siguiera en perfecto orden...

Todo esto viene de uno de los referentes más consultados del sector privado. Y si se lo asocia a declaraciones oficiales, donde nunca coinciden Duhalde con Lenicov, éste con Todesca, y después Capitanich juega también sus pronósticos -discutidos por el resto-estamos en manos de Dios. Siempre y cuando, Dios todavía no haya cerrado la ventanilla por la que mira a la Argentina, harto de oír todo este concierto desafinado.

Los del Fondo piden no intervención del Central en la cotización del dólar. Los empresarios la quieren y se quejan. Y sostienen que se puede mantener bajo a voluntad y saliendo a «dar posiciones» (como si fuera Bolsa): aunque, en verdad, alguien con años de mercado --co-mo Vicente-y de empresas, sabe que no se puede ir contra la tendencia y que no devaluó el gobierno: sino el mercado. Por lo cual, todo lo otro es temporal, hasta que le «chupen» las reservas y después: camino al cielo. Pero, agregar sobre haber realizado una convertibilidad corregida, es suponer que el sistema es una fórmula, o un mecanismo: queriendo ignorar que se trata de un acuerdo social y mercantil, montado nada más que en lo fiduciario: quebrada la confianza de la gente y mercado, sobre la primera convertibilidad, no habría modo de armar otra tocando la paridad y dejándola fija.Además ¿respal-dada con qué, con certificados del «corralito»? Hace unos días veíamos contestaciones infantiles del Central, tomándonos el pelo a todos ante requerimiento judicial. Ahora, un empresario de los más encumbrados, tirando simples fórmulas para controlar lo incontrolable de modo voluntario. Un país que desconcierta desde la cúpula oficial y privada, es un país que ya se ha desgajado, un mosaico. Y la peor demostración: San Luis, quejosa de haber tratado con «este país», como una republiqueta limítrofe.

Te puede interesar