De «jugada a fondo» juzgaron casi todos los medios, analistas, la sorpresiva negativa del gobierno a cumplir íntegramente con los compromisos internacionales. Hasta ahí, bien. Pero, ante semejante unidad de opinión acerca de esa carta brava que salió a relucir de golpe, bien puede caber la pregunta sobre: si corresponde, a quien es un simple gabinete de transición, sin respaldo popular en su origen, llevar a tales extremos los riesgos nacionales. Porque tal «jugada» bien puede interpretarse como la búsqueda de cierta extraña consagración de funcionarios, si es que les sale como la pensaron... Pero ¿y si sale mal? En unos meses, los de ahora ya no estarán, quedarán solamente los perjuicios agravados de haber cometido una falta, que dio la vuelta al mundo al anunciarse. Sobre la que han tomado remarcada nota todos aquellos que tienen algún interés «colgado» de la Argentina, más los que también se encargarán de borrar debidamente a un país que va de sorpresas en sorpresas...
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Después de todo, si preguntan por quién es el candidato que estaba encabezando encuestas, les responderán que es aquel que prendió la mecha d todo esto: al anunciar oficialmente el «default», ovacionado por la multitud tan sanguínea de un Congreso que, primero obra con impulso, para después recién racionalizar lo hecho. Sabido es que los entusiastas legisladores posteriormente se iban quedando en sus bases, borrándose de esa manifestación jubilosa, de amplio apoyo a declarar el «default». Y bien, si uno es interesado internacional y le cuentan que la probabilidad actual está dando como posible gobernante, a quien ya ha repugnado los compromisos del país: ¿qué crédito le puede dar, a un acuerdo con gobierno efímero? Es bastante sencillo hacer «jugadas a fondo», cuando uno está de paso y no le va el pellejo en el riesgo. Acaso se pensó que era para tirarse a ganar todo, o perder casi nada. De última, decisiones como ésas bien le podrían corresponder al propio Congreso, por la calidad y la peligrosidad de lo que podría significar si se produce un daño mayor. Primero la decisión, después tratar de reunir voluntades -como los gobernadores-para que estén de acuerdo en ciertos puntos imprescindibles. Se precisará, sin duda, mucha decisión política internacional haciendo presiones, y bastante «vista gorda» del FMI, para echarle la firma a un acuerdo sobre el que se está coaccionando y desafiando, aunque quienes lo hagan no representen a nadie más: que a una Asamblea que los designará temporalmente. La Bolsa local acusó el impacto de la sorpresa, de inmediato resurgió viendo la novedad como una noticia feliz, o precursora de venturosos tiempos. Tan temerario e impulsivo, si bien con el escaso volumen de siempre, como los que vitorean primero y piensan después. Pero, ya se han visto bastantes muestras de un mercado que juega a la Bolsa por su lado, sin resultar ya un termómetro: más que del propio recinto.