4 de diciembre 2002 - 00:00

Cupones bursátiles

La crítica, por más ácida que resulte, por más descarnada, si no está hecha en el momento apropiado es como dar antibióticos cuando la gangrena obliga a la amputación. Lo que ahora se lee sobre Domingo Cavallo, oportunamente evadido del país, aunque provenga de su propia interna, de lo más calificado de su seno, no sirve ya... Hubiera resultado oportuno en el instante que nuestros señores legisladores se complacieron en otorgarle los llamados «súperpoderes» y dejaron que lo que vino después, se pudiera concretar. En esto, obviamente, hay tantos involucrados como tantos fueron los que aplaudieron fervorosamente su desembarco en un nuevo gabinete, a pesar de sus andanzas desde 1982 y pasando por varios años de Menem. Como estar con Cavallo hoy no da prestigio, lo más conveniente es desvincularse de sus quehaceres pasados y evidenciarse frontalmente en contra. Un modo de tratar de resucitar, y de levantar, una de las tantas marquesinas de centros de estudios económicos, que han rodado sistemáticamente por los años de la «gran decadencia» nacional. Otra muestra acerca de que nadie es responsable, ni copartícipe de nada, así como ciertos políticos se encargan de demarcar sus períodos de actuación dejando que la lápida se la coloquen a otros. No hay responsables, aunque están a la vista los cuerpos del delito y después de una revisada, un cambio de aceite, y la búsqueda de un nuevo director de «marketing» y hacedor de imágenes, nadie se retira de la escena presente y futura. Todos se ofrecen en la vidriera, como productos nuevos, inocentes de toda culpa...

En uno de los intensos diálogos de la notable película sobre el «Juicio en Nüremberg» (Stanley Krammer) el fiscal le comenta al juez veterano, en un aparte del juicio, «si dicen que en Alemania nadie estaba al tanto de lo que sucedía con los exterminios masivos, los responsables deben ser los esquimales...».Acaso, esa raza esquimal se ha movido lo suficiente, invadió la Argentina, originó todo nuestro caos y nadie de aquí adentro se enteró de nada. Basta observar quiénes componen el
Congreso Nacional, los que son permanentemente líderes sindicales, los propuestos como candidatos a volver a gobernar... sin pasar por alto, los que gobiernan. Y ésa es la ruta que nos lleva a no cambiar nada, posiblemente la que observen desde afuera y no crean en nada de lo que decimos y prometemos, porque ven lo que no hemos querido ver: que no existen vocaciones de variar nada, que no hay culpables hasta de los desvíos más groseros, y que la población está dispuesta a dejar que el sainete continúe. Lo último que se sigue demostrando es que las leyes no están para cumplirlas, están para cambiarse cuando molesten a una nueva estrategia y siempre dependemos de los «iluminados» de turno, que vuelcan sus fórmulas mágicas para recomponer lo descompuesto, salidos de los contingentes que ayudaron, o fueron cómplices, de la descomposición. En tanto, juguemos en la Bolsa.

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