29 de enero 2003 - 00:00

Cupones bursátiles

Cabe preguntarse, cuando las impresiones derivadas de la reunión de Davos se dirigen a imaginar un panorama fuertemente restrictivo para la circulación de capital en el mundo: ¿quién podrá querer comprar, un bono argentino? Una de las consecuencias, para Estado y empresas -salvo algunas, muy contadas con los dedos- es que el repugnar compromisos del país, más la firma de un miniacuerdo presionado políticamente, resultará la carencia del crédito que posea nuestro sello de deudor...

A menos que se consigan capitales por vías institucionales, de entidades y no de inversores ni banca privada, toda la proclamada llegada de una etapa de crecimiento debería quedar en un bosquejo, apenas. Sin crédito, se sabe, no se llega muy lejos a ninguna parte y es mucho más importante -para un país, una empresa, o un ciudadano- contar con crédito, que con efectivo limitado. Las reservas no juegan ningún rol, en función de querer medir posibilidad de ponerse en marcha y promover esa tasa de crecimiento que hasta se quiere corregir -oficialmente- hacia arriba. Los bonos emitidos por nuestro Estado resultan, hoy por hoy y quizás por bastante tiempo más, un ejemplo soberano del «bono basura». Todo lo que se quiera decir en contrario, es muy difícil de demostrar en los hechos. Y, simplemente, porque el estado de colisión en el mundo es tan grave, que ni siquiera a los puertos seguros se dirigirá el capital.

Así como el famoso «faro del fin del mundo», si costaba muchísimo conseguir más financiamiento aun antes de caer en «default» y en los avatares políticos, estamos totalmente al margen de las autopistas del dinero. Con los bancos, también muy celosos para volver a entrar en zona de créditos razonables, con apenas un balbuceo de que puedan obtener más depósitos, el horizonte se ve complicado afuera y bastante denso adentro. Y si el segundo plato de todo esto, pasa por una recesión de la economía mundial, allí estaremos mucho más complicados: con sociedades exportadoras que pueden hallar fuertes bolsones de oferta, en cualquier rubro. La semana pasada aparecieron peligrosas señales en todos los mercados, de los que el recinto porteño tampoco pudo evadirse, por esta vez. Es lo que sucede siempre, cuando uno anda mal y los demás marchan muy bien, se hace bastante sencillo que puedan ayudarlo. Pero, si casi todos comienzan a entrar en la debacle, llega el «sálvese quién pueda» y no importa el país que se vaya por la borda. El mundo no viene para nada bien,
Davos acaba de confirmarlo en su foro y con declaraciones que pasan desde el hondo temor a la guerra, como a detenciones económicas que se encuentran a la vista.

Enero se complicó, nadie quedó afuera de esto y ni siquiera los que quieren vivir en una «isla», como pasaba con el Merval, son capaces de mantenerse ajenos de manera permanente. Un dato,
todo un dato, que cobra más presencia con el correr de los días.

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