Enero fue solamente un adelanto, sobre lo difícil que resultará estar montados en activos de riesgo -locales, o externos- dentro de un mundo que abrió el año con soberanos sustos. La gran diferencia de una a otra quincena, no solamente en los números sino en el ambiente de desconcierto que sucedió al del entusiasmo, resultaron demasiado notorios como para que no queden como una señal de atención.
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En la primera parte de febrero deberán arribar los balances trimestrales de diciembre de 2002, un parámetro desde lo intrínseco de la actividad que deberá ofrecer una realidad acerca del repunte empresario, dicho esto en función de los precios alcanzados por sus acciones. La base negociada, con todo el circuito financiero fuera de utilización, tendría escasas chances de salir de lo muy bajo con que concluyera el mes. En especial, si se observan considerandos preocupantes que se tejen acerca de la economía mundial para golpear a países necesitados de poseer plazas demandantes y precios sostenidos para sus productos. Por ahora, la exportación viene siendo el único sostén, habida cuenta de un mercado interno que no se rehabilita en los puntos necesarios. Y el llamado «capital de riesgo», boyante, el que camina por el mundo buscando arriesgar, pero apostando a diferencias picantes, parece hoy en día menos predispuesto a jugar en lugares complicados. El volumen de $ 15 millones diarios, para acciones, tapa los pies y destapa la cabeza, hace un mercado que debe retroalimentarse y utilizar el mismo efectivo básico, para proveer lo necesario. No hay ingreso de dinero fresco, no podría haberlo ante el escenario. Enero sirvió para bajar grados de entusiasmos desmedidos y para recordar que hay que trabajar mucho, para obtener la utilidad. Sin descuidar nada, con sorpresas a la vuelta de cada esquina, con una curva de riesgo/ beneficio que da prioridad a la primera y evita la aventura. Con algo menos de 5% en la cartera Merval, pero gracias a lo que se pudo capturar en la primera mitad, la segunda parte resultó negativa: porque vino desde la punta de los casi «600» puntos, a menos de «550». Y es otra señal para tener en consideración, aunque el resultado global diga que la cartera reportó esa diferencia positiva.
Febrero, y ya entramos con esto meramente en lo estadístico, resulta a la inversa de enero -desde 1991 a 2002- porque así como en la primera etapa del año hay clara ventaja, en el segundo tramo se han constatado solamente «5» años con febrero alcista, frente a «7» años negativos. Y los dos últimos años, 2001 y 2002, arrojaron bajas de 18% y de 9% en el listado Merval clásico. En todo caso, otra señal para tener el debido cuidado: sobre una zona que no viene siendo terreno fértil, para las acciones.