27 de febrero 2003 - 00:00

Cupones bursátiles

Escribimos esto, al tiempo que Saddam hace conocer la negativa de Irak a destruir misiles que -según aducen- no serían violatorios de acuerdos. En una palabra, estamos escribiendo «cupones» que pueden resultar el «antes» del nuevo estallido bélico, sin tener la menor idea de lo que habremos de comentar en el «después». Ni siquiera saber a partir de cuándo será ese «después». O, si lo habrá... Pasado mañana, el hoy de los lectores, acaso tengamos todavía un Merval haciendo la suya, despegándose del resto del mundo que está con los cabellos de punta por todo esto. Como sucediera, justamente, en la tarde del lunes y donde resultamos los únicos -entre los habituales de América y Europa- en marcarse con signo favorable. Por el Norte todo volvía a desplomarse, después de una semana con algún saldo a favor en el Dow. Los mercados de riesgo están en estos momentos como partidos por la mitad, algo así como la gráfica de Maradona patentizó en su expulsión del Mundial: «me cortaron las piernas...». Cualquier operador de mercado de riesgo bien podría hacer suya la frase en estos tiempos, porque si algo ya se ve como mutilado en los recintos bursátiles: son las piernas. No hay piernas para el avance, pero parece que no hay mucha para la huida. Y, afortunadamente para el caso, la decantación que se viene sucediendo en el mundo desde el quebrarse de la «nueva economía», de las tecnológicas, del ahora tan apichonado NASDAQ: posiblemente hayan evitado un singular reguero de «pánicos» bursátiles, con desastres por avalanchas. No hay nada de esto, son goteos que horadan la piedra, pero que no producen la salida masiva. Hablamos del mundo, porque lo que son nuestros índices arriba con guerra, o sin ella. ¿Podrá durar de tal modo?...

Se hace dificultoso imaginar que nuestra plaza quede al margen de traumatismos, cuando a la economía tan debilitada esto le pegará por rebotes y hasta por carambolas a tres bandas (Estados Unidos, Europa, Sudamérica).


Ya hubo una dura agarrada entre funcionarios y petroleros, porque en otro de los «acuerdos» que tanto se negocian, en nuestro país de cotillón, si mal no recordamos existió un arreglo para que los combustibles no aumentaran: en tanto se mantuviera el barril de petróleo a unos u$s 32. Como nuestros gobernantes son tan videntes y previsores, habrán creído que hacían un acuerdo bárbaro con ese nivel. Y ahora, como les sucede siempre, optan por gruñir antes que admitir que la población deberá enterarse de otro aumento. Mientras, preparan medidas que quizás vayan a resarcir a concesionarios de trenes que estarán jubilosos de ello, quitándoles el muerto de encima. Esta Argentina elástica a todo tipo de modas, ideologías de turno, golpes de timón según quiénes detenten el poder, marcha junto con los demás a ese túnel bélico que, cuando terminamos estos cupones de lunes a la noche, parece haberse sellado.

Dejá tu comentario

Te puede interesar