14 de marzo 2003 - 00:00

Cupones bursátiles

Amarga celebración recorrió las pantallas del mundo, donde -para hacer más duro el escarnio- se informaba sobre los tres años que se cumplían: desde que el representante de «la nueva economía» (¿no la llaman más de tal modo, qué sucedió?) el recinto del NASDAQ había tocado su máximo nivel. Ante el asombro de todos, la loca carrera a la fama y la fortuna en dos saltos se cortaba al arribar a los «5.048» puntos... ¿A cuánto está, al cumplirse ese trienio? Pues, a módicos «1.278» puntos y lo que hace la terrible cifra porcentual de 75% de caída. Tres cuartas partes de lo allí invertido, capitalizado, inflado, como se lo quiera llamar, fue dejada en el camino desde aquel nivel récord.

Hoy, los diarios se solazan llamándola «la burbuja del NASDAQ». Y pasa lo que ha sucedido en buena parte de las veces, la «burbuja» recibe su apodo: después de los sucesos de caída. En tanto se va formando y se continúa expandiendo, resulta: «un ciclo fenomenal, la nueva economía que reemplaza a la vieja industria». Y linduras por el estilo. Nunca parece resultar bastante, posteriormente la memoria deja de lado los casos especiales, para dedicarse a lo global y a la «burbuja». Pero, en aquellos momentos, y hace apenas tres años, cualquier nueva colocación de una «tecnológica», o algún «sitio» financiero que se inauguraba, al mismo momento de comenzar a cotizar era capaz de saltar... doscientos, trescientos por ciento, sobre el corte estipulado.

Dentro del show de valorizaciones, también estuvieron algunos emprendedores argentinos, capaces de colocar su sitio en cientos de millones de dólares.Y cada quien «creaba» algo, con la simple finalidad de... pasárselo a alguien al poco tiempo. ¿Cuántos reputados financistas, cuántas prestigiosas entidades bancarias, quedaron pegados frente a la fiebre del NASDAQ y comprando cualquier proyecto que recién empezaba a rodar, en sumas que hoy estarán llorando?


Nunca es suficiente. Mientras, lo que recién ahora se denomina «burbuja», era una quimera elogiada por la gran mayoría. El Dow no se quedaba atrás, este mismo indicador que se arrastra cerca de los «7.600» puntos, había tocado los «11.000» y los operadores se reían de cualquiera que quisiera enhebrar una advertencia, o atreverse a decir que todo estaba demasiado caro. Quedó como emblema aquella expresión de la «exuberancia bursátil», que lanzó el viejo zorro Greenspan, y al que le contestaron con nuevas alzas, sin respirar ni titubear ante alguna baja. Si la «burbuja» se pudiera ir desinflando a tiempo, si las advertencias se analizaran al menos, si la gente no quisiera romper el saco de tanto llenarlo de ganancias fáciles, no habría que estar juntando los pedazos de un ciclo, como sucede desde hace ya tres años; 75% de recorte es una barbaridad, está a la altura de los peores quiebres de movimientos históricos. Habría que cotejar velocidades de caída, otros lo fueron más. Pero éstos son «moderados».

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