3 de junio 2003 - 00:00

Cupones bursátiles

El afán expansionista del ministro de Economía, ya parece no tener límites a la vista. Sin necesidad de «súper-poderes» expresos -lamentables-, no desaprovechó ningún día después de asumir el nuevo gabinete, para apoderarse de cuanta área periférica lo rodeaba. La idea, de una nueva estructura, por encima de lo existente, es una jugada para no destruir construcciones hechas: sino construirle un primer piso y dejar sin luz a los de abajo. No respetar ninguna medianera, introducirse en todo el circuito y colocar a sus delfines donde exista un despacho disponible: desalojando sin más, a sus moradores. Lo último conocido, al menos hasta el viernes, era su voluntad de reemplazar al titular del INDEC, con quien mantiene ciertas diferencias y poder acomodar las estadísticas, para que le den las resultantes deseadas. A nadie parece movérsele un pelo, sabido que cada gobierno que asume tiene todo el campo libre para instrumentar lo suyo, a gusto y placer. Sin Banco Central autónomo, desde ahora, sin un INDEC que se mueva acorde con la técnica estadística en estado puro, también con una nueva «Comisión Nacional de Valores». Y, sobre este punto, cierto es que la caducidad de la anterior gestión no será lamentada, por los que quieren ver a ese ente cumpliendo sus funciones. Pero, obviamente que la autarquía del mismo -ya vulnerada hace tiempo- siempre es una cuestión peligrosa. Sin embargo, la mención de Hugo Medina -que se formó en la Comisión de Títulos Valores de la Bolsa- al menos, ofrece una posibilidad de tener gente más idónea en el organismo y no paracaidistas con quienes había algún compromiso político que cumplir. El problema es, hasta dónde alguien podrá ejercer su función con propiedad, e independencia, cuando existe en formación un imperio económico vertical -absolutamente- y ante la pasividad general. Desde lo del Central, más luego lo del Nación, se forjó un rosario de recambios que tejerá la consecuente trama, de poder saberse: sólo lo que el ministro quiera que se sepa.Y del modo en que desee, se sirva el plato a la ciudadanía.

Todavía habrá que aguardar más novedades, saber exactamente la extensión del gran paraguas que se va enhebrando con la presteza propia del que quiere hacer todo rápido, evitando algunas reacciones. Por las dudas, habrá que estar despiertos en el sistema bursátil, advertir cualquier intención subyacente que se pueda estar maquinando. La plaza, en tanto, está entretenida en protagonizar semanas alcistas, mientras el dólar y la tasa dan un cierto argumento coyuntural, acerca de la falta de alternativas tentadoras. Cambiando de nombres y de rubros, sabiendo que las de servicios «plancharon» de nuevo con el pretendido reacomodamiento tarifario. Las ligadas a la construcción esperando por el mayúsculo emprendimiento en obras públicas, sobre el que se pueden tener razonables dudas acerca del financiamiento y el riesgo inflacionario del mismo. Un visitante foráneo, el congresista norteamericano, mostró no poca extrañeza ante ello. Será interesante ver el desarrollo del publicitado plan, el desempeño de un esquema del tipo «keynesiano» que resultara norma pública mundial por varias décadas: pero, que empezó a hacer agua a partir de la inflación de costos. Recurrir al «New Deal», a revisar libros viejos, es el actual modo de encontrar fórmulas exitosas. Lástima que el mundo haya estado cambiando tanto. Y hay muchos que ganaron la posteridad por lo que hicieron: no por su vigencia.

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