30 de junio 2003 - 00:00

Cupones Bursátiles

Es increíble el grado de descrédito en que han caído los mercados de riesgo de Estados Unidos, a sabiendas de una tasa de interés que ha descendido a 1% anual y -el primer día del anuncio-y con una baja del Dow Jones de otro 1%. El argumento es que el mercado daba por hechos los 25 puntos de rebaja que dispuso la Fed, pero que querían 50 puntos: casi lo que necesitan los operadores es que la plata se regale, como para que se produzca algún tipo de rehabilitación. Y, de paso, da también cuenta de cómo están las cosas en la mayor economía del mundo, como para tener que reducir las tasas a esos niveles que pueden generarle emigración de capital hacia otros puntos, donde resulte más redituable. Mientras esto sucedía, nuestro modesto mercadito se las seguía arreglando para sacar ganancias, asumir algunos sofocones y volver a armar la rueda positiva que llevó al Merval a este avance mensual. Sin crédito a la vista, autofinanciado desde sus cauciones, con costo del dinero que es aquí en un mes mucho más alto que en el Norte en un año. Y el mundo es un tablero difícil de poder entender en estos momentos, con golpes de monedas que cambian las corrientes de un continente al otro, con recintos bursátiles que se entonan por partes, sin que exista una locomotora reconocida capaz de crear esa tendencia global que era la raíz de un esquema oportunamente dispersado. Cada uno se las debe rebuscar como pueda, ésta parece ser la realidad, y hay capitales sobrevolando en busca de puertos, pero por aquí decimos ahora que no será permitido el ingreso libre de tal tipo de capital «golondrina», como si estuvieran haciendo cola para traer dinero a un país que no es capaz de resolver la situación de miles de inversores, en todo el mundo, que se han quedado con los «bonos-basura» criollos en sus manos. Ahora se quiere regular el ingreso, cuando habría que dar las gracias, no antes y en los momentos donde llegaron para hacer estragos y servirse de la «puerta vaivén» argentina.

Todavía al Central le tienen que pedir permiso para poder reunir una suma de dólares, las empresas que desean cancelar compromisos asumidos. Se habla de la extrema debilidad del dólar, cuando se sigue en un círculo cerrado en liquidaciones de exportadoras y compras mínimas de un chiquitaje que no tiene resto para comprar nada. Pero, a la vez, se mantiene el alambre de púas para evitar que remitan dólares en cierta cantidad las sociedades que deben cancelar sus obligaciones.Y de allí los medios se hacen eco de una supuesta debilidad, no refrendada en un mercado flotante y libre, sino rigurosamente controlado. El Central emite y emite para comprar los excedentes, los depósitos no crecen, el crédito no aparece y la Bolsa saca de ello un sustento, de los que se arriman sabiendo que si meten el dedo en el botón indicado, una acción les puede rendir por todo un año, en apenas unas semanas. Es difícil pensar en un mecanismo que se mantenga en el tiempo, pero es cierto que hace bastante que se mantiene.

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