El imperio que quiere seguir creando nuestro «César» Lavagna, ya no reconoce límites: más que su propia arrogancia. Esto es porque muchos se encargaron de hacerlo creer que su pasividad permanente, en la época del gobierno transitorio, haciendo uso de instrumentos que le habían dejado otros desalojados abruptamente (como default, «corralones» y devaluación) resultaba fórmula habilitante para pasar a la historia. Y ahora, se enfrenta con las administradoras de dinero de los ciudadanos -AFJP- queriendo confiscar aquello que en un momento fue dinero, después pasó a ser «bono-basura», y que se negó a resultar pesificado por decreto. Entonces, saca otro decreto y ordena a la Caja de Valores a mover posiciones, o recambiarlas, transgrediendo cualquier principio del derecho privado. Actúa como si se tratara de una caja del Estado, frente a los ahorros de una jubilación privada que el mismo Estado generaron como un embudo para los ciudadanos.
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Sabemos cómo vino el asunto de ensuciar las carteras de las entidades, no sin poca culpa de administraciones de dinero de terceros: que tenían la obligación de no aceptar quedar expuestos hasta en 75% de los recursos, en esos «bonos-basura» que les impuso el señor Domingo Cavallo. También recordamos aquella coacción pública del ex iluminado, cuando apuntó a rebajarles las comisiones: o tomar esa mercadería que sufría ya de botulismo avanzado. Entre las comisiones y los bonos quedaron atrapados todos los que confiaron sus aportes, a quienes tenían que administrarlos con sapiencia. En lugar de plantarse tan firmes como parecen ahora, yendo de punta contra la voluntad de Lavagna, e invocando que como profesionales y salvaguardas, no podían ensuciar así las posiciones de las carteras: se quedaron con los bonos... y las comisiones intactas. La factura es la que hoy pagan, en realidad socializan el desastre -como tantos desastres puntuales, que ahora se quieren socializarse- y los únicos perjudicados, serán los mayores... Para nuestro democrático ministro, todo pasa porque «fue un error no aceptar la pesificación». ¿Era compulsiva o era a elección? Entonces, aplica el castigo tal como lo entiende: volverán a los «bonos basura» imparables y entrarán dentro de la renegociación de la deuda. El dinero de los sueldos que se han ido juntando puntillosamente, de cada trabajador, pasa a ser un título pre megacanje, desconociendo las cláusulas del que les colocó Cavallo y pretendiendo que todo muera en la bolsa de gatos, de los tantísimos acreedores del país. Y allí están, sabemos nosotros hasta el punto de haberle pasado el problema a la Caja de Valores y ésta, teniendo que optar por hacerle caso al decreto, o respetar aquello que le solicitaron sus depositantes, las AFJP. Posiblemente, esto siga el largo camino de la justicia, como siempre, haciendo una cadena de asuntos pendientes. Mejor, si usted es aportante, dirijase a la calle Navarro -en la zona de Agronomía- y récele unas cuantas oraciones a la Virgen «Desatanudos». Informate más
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