Por las dudas alguien cree que no reparamos en que hay entidades oficiales que sí presentan balances en la Bolsa -como el Nación-, les decimos que lo teníamos en cuenta, pero no es lo mismo figurar entre los que emitieron papeles de deuda que actuar como acción ordinaria. El balance podrá ser el mismo, en lo sustancial, pero la difusión y el efecto «opinión pública» (que es lo que debiera buscarse, para poder crear una cadena de «auditores» espontáneos, proveniente de los que invierten en sus papeles) resultan totalmente distintos. Fácil sería realizar un chequeo, dentro del mismo ambiente, preguntando si se sabe cómo vino el balance de Acíndar y cómo el de -por caso- SanCor. O bien si se recuerda en qué condiciones está el Banco Francés... y el Nación. Es por eso que hablábamos días atrás de esa sociedad mixta, donde buena parte del capital vaya al menudeo, a la atomización, conservando el Estado la mayoría. Con la ganancia extra de poder capitalizar a la banca oficial, mediante la venta de sus acciones al público o a las carteras comunes. De paso, ya que está de moda, resultaría «socializar» entidades que son de todos y que podrían resultar de acceso a los ciudadanos interesados. Ahora bien, si alguien nos va a advertir que ello terminará en un embudo de inversor privado que, al final, se engulle toda la entidad, entonces, es otra cuestión. Lo hemos visto, claro; hay privatizadas que hoy no tendrían que pertenecer a un solo grupo de control, ni que el Estado estuviera fuera del directorio, inclusive con su «voto de oro». Y, a propósito, de 16% que había quedado en manos de las provincias petroleras -de YPF-, ¿qué hicieron todas con tales participaciones, inclusive Santa Cruz? Fácil, el gobierno central vendió y se retiró. Las provincias, también. El principio «nacionalista», la resistencia a vender patrimonio público no se notó demasiado, ¿cierto?
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No; si se organiza una licitación para conservar el control oficial en estos dos grandes bancos pero con el correr del tiempo terminan siendo un predio privado, no sirve. Pero en tal caso, el debido juicio a funcionarios o parar a tiempo la intención resultarían los antídotos para cualquier maniobra que se quiera montar. La gran condición es que se hagan transparentes, que vengan a la cotización bursátil y que mantengan una fluidez de negocios asegurada. Presentando balances en tiempo y forma, no con esas normas que siguen vigentes y donde los bancos son una «raza» aparte en la Bolsa porque están bajo el área exclusiva del Banco Central, no de la Comisión de Valores o del sistema. Si el Central los autoriza, pueden saltear presentaciones contables por muchos meses --como sucedió en la crisis-, aunque sigan cotizando en sus paneles y sin que nadie sepa qué cuernos está comprando o vendiendo; solamente lo saben los controlantes... y el Banco Central. (Todos estos deseos, considérelos un día de cupones utópicos: no servirán para nada. Es la realidad.) Informate más
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