1 de octubre 2003 - 00:00

Cupones bursátiles

¿No han pasado a ser los títulos públicos, papeles de «renta variable» y donde se asume el riesgo puro, como en las acciones? Las evidencias, al menos para la Argentina, nos gritan que: sí. Se han degradado tanto, se han manoseado de tal modo y no solamente en la actualidad, donde la situación tocó su clímax, que no hay paridad que valga. No hay cláusula de emisión que posea alguna garantía de ser inamovible, no existe ningún tipo de respaldo, de ninguna naturaleza, para el que tome un título de deuda argentino. Y no es exagerado esto. Baste confrontar lo dicho con las expresiones de quienes resultan las máximas autoridades de la Nación. Quienes solamente colocan como argumento, para rebanarle una gran porción del título original: que los inversores en ellos, tenían un exceso de codicia. Que debían saber que las rentas que ofrecían esos papeles emitidos por el Estado argentino, llevaban implícito el enorme riesgo de la cesación del pago, o de propuestas ofensivas, unilaterales, de parte del propio emisor. Esto es lo que hace tan ridícula la pretensión de los gobernantes actuales, sus funcionarios voceros -como Fernández-quienes no citan ningún tipo de cuestión legal (como podría ser alguna cláusula en letra chica, que figurara pérdida en el texto, algunas de las ambigüedades como suelen aparecer en los contratos y que están pensadas para embromar al desprevenido). No, nada existe que defienda al emisor: salvo un juego de metáforas, de apelaciones de orden humano, de acusaciones a la codicia, o tratar de inútiles a quienes tuvieron la desgracia de llevar papeles soberanos argentinos: a sus carteras.

Está mal lo del principio. Ni siquiera merecen la calificación de «renta variable», o papeles de riesgo puro, ya que al menos hay un respaldo técnico -patrimonial-en las acciones. Y sin posibilidad de cambiarles el marco legal, en que fueron emitidas. Sepa el mundo, por si no lo sabe, que en la Argentina se emiten billetes de Lotería de innumerables variedades: una de ellas, en forma de «títulos públicos». Y si son premiados, los podrán cobrar. Una vergüenza. Todo lo que se sigue aduciendo, proclamando y no con vergüenza sino con énfasis, nos muestra a una clase de funcionarios que nos representa que, muy lejos de aquello de «honrar las deudas», buscan cargarle las culpas al poseedor de esos activos. Muchas otras veces se realizaron ciertos manipuleos sobre papeles emitidos por los gobiernos, a lo largo de la historia, canjeando compulsivamente los papeles, o se los han retirado antes del plazo convenido para su vencimiento -como los famosos «Vanas», pero haber llegado a estos extremos del: «tome esto, o embrómese por atrevido (o no cobrará nada)», es una práctica que debería hacer abortar, por mucho tiempo, cualquier tipo de papel de deuda que se quisieron colocar. («En un país que quiebra, el valor de esos títulos sería cero. Nosotros, al menos, damos esta posibilidad». Otra originalidad de Fernández, recién llegadito de afuera).

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