Si aumentaron los depósitos, les caben chances a las acciones y en virtud de haber sido más confiables que cualquiera otra colocación, de renta fija o variable. Parece extraño poder asegurarlo, pero no queda mucho de raro en un medio donde todo está puesto de cabeza. Justamente, asegurar que los estandartes de la inversión «de riesgo», los papeles de las empresas, están hoy en la punta de la pirámide como los del «menor riesgo», es estar viendo un país y un sistema financiero totalmente desencajado.
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Pero, es así, porque tanto las acciones -como el propio sistema bursátil- atravesaron las llamas sin quemarse, aun en los peores momentos de la crisis, sin necesidad de ahorcar a sus inversores y sin hacerles faltar la debida liquidez. Sin poner cuotas especiales, o impedimentos a la venta, sin programar liquidaciones a más plazo que el normal. Y solamente generando las molestias que le provenían del círculo mayor, cuando existían las imposiciones de retiros con límites, del «corralito» y el «corralón». El Banco de Valores también resultó de las primeras entidades que se ofreció, estando en condiciones, de reintegrar los dineros a sus poseedores naturales. En una palabra, el que tenía posición en acciones no se vio atrapado como en una colocación bancaria, y tampoco recibe ahora «ofertas» viles de darles 25% del valor contable a sus tenedores. Se maneja con el simple y puro sistema de oferta y demanda, creando su propia liquidez, sin que le tengan que acercar caudales prestados de otros ámbitos. Es un escenario que suena a ciencia ficción, pero resulta de ese modo, y para concluir en aquello inicial: si están aumentando los depósitos bancarios, con todo lo sucedido, cómo no van a tener chances las acciones, la inversión más segura en la Argentina. Y, sin embargo, no dan ninguna seguridad ni han modificado su régimen de emisores, o de entidades bursátiles. Da la coincidencia que si los Fondos Pensión hubieran estado con la misma tenencia en papeles privados, que la que tenían en papeles de deuda soberana, hoy no estarían en este asunto de discutir qué le van a pagar, o si es que deberán asumir ese recorte monstruoso. Claro, en aquellos momentos sonaba a seductor que les permitieran contabilizar siempre a valor nominal, esos títulos del Estado. Pero, no contaban con la astucia de sucesivos gobernantes, que hacen sus necesidades encima de todas las leyes. Y con el simple recurso de que un conjunto de legisladores, son capaces de mover cualquier montaña legal: la misma que, en tiempos atrás, esos mismos levantadores de manos, habían forjado con otros funcionarios. A las acciones no le pueden hacer más daño que inventarles algún impuesto, o cosa rara de esas que siempre algún Robin Hood quiere hacer como proyecto, pero pertenecen a un circuito indemne: más allá del riesgo natural de un mercado, o de la salud de las empresas. Siempre habrá desquite con acciones, aunque toquen fondo. Informate más
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