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En toda la sinfonía de repactaciones que la mayoría de las sociedades cierra o tiene en gestación, aplicando los más diversos modelos de ingeniería financiera, cabe al inversor ponerse a distinguir qué sucederá con el futuro. Y qué ha debido resignar la sociedad, en tren de poder cerrar el trato. No es lo mismo, por caso, que los acreedores se «coman» nuevos bonos de deuda y otorguen plazos de gracia que den cabida a la reacción, que si tienen la opción de capitalizar los compromisos, convertirlos en acciones. En tal sentido, se puede arribar a una licuación del capital, enfrentando a diezmado poder de realizar beneficios. ¿Qué será, entonces, de las esperanzas del simple poseedor de acciones de la minoría? Que bien puede ocurrir que el festejo pase por un «grupo de control», que estaba ya puesto a la parrilla, pero que no resulte apto para ser un simple «bolsista» y que debe privilegiar cuánto puede rendirle la sociedad, cuánto podrá repartirle y cuál es el respaldo en activos que cada título todavía posee. Informate más
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