23 de octubre 2003 - 00:00

Cupones bursátiles

Se inició la semana quebrando el 900 y apoyado en un volumen de cerca de $ 55 millones. Para un lunes, una muestra más notable que en otra zona de la semana. Así que esa rueda emparejando el récord histórico de 1992 daba para hacerse las mayores ilusiones respecto del verdadero objetivo: cantar el 1.000, dentro de 2003. Tomado de dónde, no parece tampoco importar demasiado; acaso se siguió subiendo por falta de alternativas atractivas. Quizá, como en muchos matrimonios, solamente se continúe porque se ha comenzado. Es evidente que no existe ninguna correlación entre los hechos fundamentales y los movimientos del índice; tanto han servido las buenas como las malas nuevas. Numerosas sociedades muestran que solamente alientan expectativas sobre una etapa mejor para el negocio, pero atendiendo a diversas variables que tendrían que congeniar. Por otra parte, los tironeos sociales por incrementos de salarios han despuntado sin que todavía se les dé demasiada importancia, aunque la poseen en alta medida en dos rubros: el aumento de los costos de las empresas y la posibilidad de un amanecer inflacionario, que tantas veces se ha visto en la historia. Gremios base, como metalúrgicos; ahora los bancarios; están logrando unos y procurando otros mejorar en unos cuantos cientos de pesos sus escalas. Y no es que esté mal, desde lo social; el asunto es si hay posibilidades de realizarlo desde lo económico.

El lunes, la Bolsa se ubicó a poco más de 10% de coronar los 1.000 puntos Merval. Casi como para abrir apuestas, estilo londinense, y ver de acertar con el día en que se pueda dar tal logro. Pueden ser dos tipos de apuestas: en el intradiario y el que quede como definitivo, con el milenio de puntos bursátiles como marca del día. Y si esto está más, o menos, alejado de lo que se pueden considerar como argumentos
fundamentales, no tiene mucho que ver con que se consiga en la práctica, y la única verdad es la que marcan los paneles. Llegando a 1.000 se estaría casi duplicando el cierre de 2002, algo más de 500 puntos, que se potencia ante la declinación del dólar en el año y que ubicaría al recinto de Buenos Aires como cabeza de serie entre los mercados del mundo. Una muestra espectacular sobre cómo estar en crisis y en default-país y ser un gran éxito. Que se agiganta, al saberse de la escasez casi absoluta de crédito alimentando el circuito financiero. Una muestra notable frente a una política que tiende a meter miedo a las sociedades, en lugar de atraer capital, con la saliente más agresiva en el acoso a las privatizadas. Como bien lo mencionaba Ambito Financiero días atrás, también manifestado en esta columna, la Argentina todavía goza de un período excepcional por los precios de commodities, pero ésas no son variables gobernables, sino que están a expensas de las oleadas en los mercados internacionales. Soja y petróleo deberán aprovecharse al máximo, si allí se produce una bajante inesperada: ¿aguantará la administración?

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