26 de diciembre 2003 - 00:00

Cupones bursátiles

Decíamos el miércoles, una edición en día semiferiado, acerca de las condiciones que pudo reunir la actividad, debido a un conjunto de circunstancias y de cómo algunos principios que resultaban casi una leyenda negra -sobre el riesgo- se dieron vuelta completamente en nuestro país. Claro, convengamos que la Argentina no es ejemplo de normalidad en el mundo, por lo que no debería asombrarnos que la pirámide invertida en casi todos los aspectos también haya obrado sobre el encasillamiento de los activos. Y hasta convertir a los de renta fija y merecedores de alta confiabilidad, de escasa recepción de riesgo, en los verdaderos causales de los males que se han vivido. Mientras el gran activo del riesgo puro, la Bolsa, se erigía en el único sitio, la reserva natural donde el capital allí residente pudo seguir su vida normal.

Le guste o no le guste, la gente inversora quedó atrapada ferozmente en los bonos de deuda pública -con respaldo, nada menos, que del Estado- y en las colocaciones bancarias (llámele «corralito», «corralón» o alguna otra acepción). Y, en cambio, se pudo manejar con sus inversiones bursátiles de activos empresarios con casi total normalidad, salvo algún inconveniente de los primeros tiempos de las medidas. La Bolsa no tuvo necesidad de suspender actividades, tampoco se vio trabada por falta de contrapartidas, el Banco de Valores fue el primero que solicitó que le dejaran liquidar a sus clientes, contando con los recursos y sin necesidad de salvatajes. En una palabra, el no-riesgo pasó de vereda, es en la Bolsa -muchas veces vilipendiada- donde se consiguió obtener una liquidez y honra de compromisos en medio del caos y la falta de respuestas.

Pues bien, tal condición merecería ser mucho más difundida y acentuada que lo que se puede realizar desde una simple columna como ésta. Porque si no es hora de revitalizar el sistema y mencionar todas esas condiciones para que se caigan unos cuantos tabúes, nos preguntamos:
¿cuándo? Si no se aprovechan estos momentos excepcionales de la historia de 150 años para volver a captar un cúmulo de capitales que provea el combustible, para llegar todavía más arriba en la calificación de mercado, independiente de precios, no es muy probable que vuelvan a darse las condiciones para marcar tamaña diferencia con lo financiero.

El perfil bajo no sirve absolutamente más que para permanecer en una situación, pero si la misma dista de ser la deseable, lo único que se puede hacer es salir al ruedo y competir sin tenerle miedo a nada ni a nadie. Este gobierno, como todos los que conocimos -y casi todos en la historia- no hará absolutamente ninguna jugada en favor de recrear el mercado de capitales genuino. Si no sale de adentro, todo proseguirá igual: siendo noticia
en las malas.

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