30 de diciembre 2003 - 00:00

Cupones Bursátiles

Afortunadamente no existieron casos desagradables resonantes en el ejercicio 2003 y en nuestro mercado. Salvo la tendencia a salir de la cotización voluntaria, por parte de más sociedades, no surgieron actos fallidos entre empresas o profesionales. A cambio, es indudable que el caso Parmalat de Italia conmovió el año justo al final, y dejando en claro que el asunto de las sociedades que están por quebrar -por más grandes y vigiladas que estén recién suelen descubrirse cuando la casa ha explotado sin remedio. Seguramente, los lectores han seguido el hilván de las noticias sobre ello, inclusive esa suerte de «salvataje» que quieren ensayar oficialmente, con tal de que no se convierta en un estruendo social. Pero, más allá de cómo irán a resolver el problema las autoridades italianas, rescatamos toda esa «contabilidad imaginativa» que -ahora contada-suena a increíble que haya pasado por los filtros y, sin embargo, pasó. Los miles de millones de dólares mentidos, con el cuento de que estaban en un paraíso fiscal, más toda una necesaria tendencia de mala administración: que habrá sobrevivido vaya a saber desde cuándo, pero que quedó oculta a ojos de todo el mundo.

Por más tecnología que le pongan, por más sagacidad, por casos precedentes que sacudieron antes el ámbito de los negocios mundiales, resultará casi imposible enterarse de la situación hasta que se hace ingobernable y terminal. No pasará mucho tiempo, tal vez ya misma alguien estará escribiendo la historia, para que algún libro contenga: «El derrumbe de un gigante: Parmalat». Y será bueno, si el trabajo tiene la veraz historia, seguir los hechos que se acumularon hasta arribar a ese desastre.

Pero cuando se pongan al descubierto las trampas realizadas, no van a servir como antídoto para que se eviten esos casos en el futuro. Como no ha servido la larga bibliografía de timos y estafas en el largo camino recorrido, por empresas y Bolsas, desde hace siglos. Ahora también es muy probable que se ajusten legislaciones, que se quieran promulgar normas supuestamente mucho más rígidas, las que terminan por complicarles la vida a las sanas, pero sin eliminar a las que tienen vocación de desvíos y estafas. Esperemos que ningún trasnochado funcionario, de los que tenemos en generosa cantidad, quiera tomar el ejemplo de Parmalat y las pérdidas que se han tenido que asumir en sus acciones, para justificar el default y la propuesta argentinos. Es un caso de fallida sociedad privada, no el escandaloso ejemplo de deudor soberano: Parmalat estrujó y basureó sus propios colores de marca, pero no los de la bandera de un país.Y los accionistas deben asumir lo derivado del riesgo, porque se declaró en quiebra. Está en las reglas del juego. Pero, como se repite a menudo: los países no quiebran, nene...

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