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Podía haber sido un lapsus. Acaso, por error de interpretación. Se pudo haber producido la caída en un «bache» intelectual, debido al exceso de temas en las funciones... Pero no. Nuestro presidente de la Nación -Néstor Kirchner-ahora pasea por el mundo esa teoría absurda de doble condición: apostrofar a quienes compraron bonos argentinos, tratándolos de «buitres». Y discutirles la ambición de ganancias, «porque querían ganar 30%, que ningún país puede pagar». Y así. Funcionarios de sus alrededores, acaso los mismos que le inculcaron tales teorías, sumaron al absurdo el pedido de que los poseedores se anotaran en un «registro» para saber quiénes son. Como si tales bonos hubieran revestido carácter de «escriturales», sin anonimato, e incorporando una suerte de cláusula posterior a la emisión del título, inclusive a su default. No hay quien lo detenga en la verborragia de temas de mercados que -indudablemente-no conoce y solamente filtra a través de la ideología. Podían haber consultado con el titular del Central, Prat-Gay, quien fue operador de mesa de una importante casa bursátil y financiera, para ver si les diseñaba alguna argumentación que sonara con mayor racionalidad. Lo que no puede, o no quiere, entender la cúpula gubernamental actual es que aunque los títulos los haya comprado un Al Capone moderno, los tienen que pagar igual. Y, además, nadie tiene por qué saber oficialmente que los tiene Al Capone.
En el total, podría convenirse -tal la situación de no pago y de las propuestas argentinas-que en el tumulto hay mucho más «pajaritos» que «buitres». Y está bien que se quiera intentar negociar, tirar de la cuerda lo que se pueda, invocar la situación que se ha vivido, apelar a los más caros sentimientos humanitarios, pero nunca juzgar públicamente a quienes han tenido la pésima fortuna de comprarle un papel de deuda al país.
Imaginemos que la teoría se popularice (y si no lo frenan y le sale más o menos bien, es seguro que otros harán apelaciones parecidas) y que por todo el mundo se solicitaran datos, legajos, de los potenciales compradores de títulos soberanos. Y que se acusara a los que reclaman que se les pague que han sido buitres codiciosos y que por tal falta serán castigados.
De todos modos, parece que no hay forma de encontrarle justificación a semejante quita que se ha propuesto -desde algún punto de vista técnico-y se avanza contra los tenedores de bonos con esas insólitas acusaciones. Por momentos da la sensación de que nos están perdonando la vida, que alguien surge para evitar el colapso o para tranquilizar a quienes nos quieran bajar el pulgar. Pero también habría que observar una actitud mucho más reflexiva y seria de nuestra parte, saliendo de exposiciones que no tienen antecedentes en la historia de los mercados. Casi es más honesto decir: muchachos, no les pagamos porque no queremos.




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