1 de marzo 2004 - 00:00

Cupones bursátiles

Otro salto en el «electrocardiograma» del mercado bursátil, a quien le han recomendado evitarse sustos y disgustos: pero no puede con el temperamento. Demasiado elástico el juego, llevar al régimen de negocios desde unos $ 40 millones aburridos, hasta pasar los $ 100 millones con lujos, retornando de inmediato a una cifra de $ 68 millones.

El miércoles resultó día extraño a lo largo de los activos, salvo el dólar, habiendo contracción en la valuación también de papeles oficiales. Varias hipótesis, nos quedamos con lo que salió en tapa de todos los matutinos, respecto de ese mensaje tan directo del mandatario español: que vino a derrumbar, sin dejar lugar para la doble interpretación, todo el «camelo» armado después del viaje a España de nuestro presidente de la Nación, Néstor Kirchner. Recomendación a resolver solos los propios problemas, mensaje para no sacar los pies del plato en cuanto al sistema internacional, una suerte de advertencia definitiva ante la postura de pretender ganar en «dignidad», haciéndonos los pícaros -y algo más- respecto de los compromisos. Falta que llegue algún «gume over», desde algún otro país importante, como para que el círculo se vaya estrechando. Ningún mercado que cuenta con participantes razonables puede dejar pasar por alto que se está potenciando el riesgo: como si Kirchner estuviera jugando y las «opciones» dejando escasa garantía y a todo o nada. Si se esperaba una respuesta como las últimas, cuando recibe alguna crítica, esta vez fue de otro tono: jugando con esa expresión de que los argentinos nos arreglemos solos, matizando alguna ironía, pero admitiendo que tal observación era válida. (Una buena forma de seleccionar rivales y saber con quiénes no meterse demasiado, en la agresividad.)

Cuando se utiliza la metáfora de estar «tocando en la cubierta del Titanic», por la legendaria figura de la orquesta del navío que continuaba su música en medio del naufragio, solemos decir -en casos como éstos- que no es ajustable de modo apropiado. Porque los músicos sabían que la nave se hundía y continuaban tocando. En cambio, muchas veces en las Bolsas, en todas, en lanzamientos hacia arriba los que continúan empujando no piensan que se vayan a hundir: todo lo contrario. Y respecto de la situación del entuerto con los acreedores, da la sensación también de que el grueso de las personas no imagina que se pueda terminar naufragando, muy mal. Acaso varios funcionarios -que están al tanto de más datos- sí lo piensen, pero para la difusión general: «No pasa nada». Y al Presidente, siempre «lo reciben con elogios y lo felicitan», en sus viajes al exterior. Seguir tocando, sabiendo el destino que espera: es un acto heroico. Muestra gran templanza, resignación nacional. Pero tocar estando en una nube y creyendo que todo es un paraíso resulta una actitud tan audaz: como desatinada.

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