Los cambios permanentes deberían resultar la única constante del mercado (aparente absurdo, que es lógico ante el escenario planteado). No hay mucho lugar para los principios fundamentales, no sabemos si los «grafistas» están en mejores condiciones para intentar leer en la plaza, qué camino se podrá seguir a continuación. Pero, todo con la mira corta-corta, una especie de linterna para no tropezar en la oscuridad. Todo lo demás, como lo que trascienda del corto plazo, será tan condicional como los pronósticos sobre el tiempo: que anuncian lluvia y, si no se da, la continúan anunciando hasta que un día... llueve.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Marzo comenzó la dicotomía de un muy buen avance en el índice Merval, con la falencia de órdenes con que se despidiera febrero. Un asunto a tener que hacer congeniar, si bien nuestro mercado puede hacer que lo inarmónico se convierta en armonía: por la habitualidad. Pero extraña la falta de volumen, ante condiciones que se siguen presentando apropiadas para que las acciones capten parte del capital que sigue deambulando sin puerto. Y si no es ahora, ¿ cuándo? Pero da la sensación de haberse tocado cierto techo para la demanda, que nov e ya con entusiasmo ir a pagar determinados precios. Este juego entre pantanos, según dónde se ponga el pie permitirá avanzar al operador: o que la arena movediza se lo empiece a succionar. Algunas etapas próximas contienen incertidumbres, como la rígida posición «negociadora» de un gobierno que está ya decididamente enfrentado a los acreedores, a las entidades que siguen enviando mensajes -como el FMI-y a varios países que recomiendan otra actitud. Esa extraña pareja, formada por Kirchner-Lula, tuvo distintas versiones según se lo comentara en un ámbito nacional, o en el otro. Pero se largó a los vientos una suerte de frente común para las deudas, que uno de los diarios brasileños traduce de otro modo y donde no se ve a Brasil involucrándose en batallas ajenas, menos cuando la relación con el FMI pasa por período de préstamos y elogios. Es la desesperación por conseguirse aliados, como olvidando que la Argentina es un «país miembro» del Fondo y no una víctima circunstancial. Procurar un alzamiento, con otros socios, suena poco menos que a disparatado. Pero, allá van...
En el mercado, vale más el pensamiento de estar invirtiendo en activos -en «fierros»que seguirán estando, antes que querer encontrarle otros argumentos. Esto, por sí sólo, no lo sería: pero, tiene que haber un sistema de «licencias» para retorcer mandamientos clásicos y aplicarle una salida a la madeja que se enfrenta, teniendo que operar en Bolsa. Un mercado que se debe colocar más cerca del juego que de la inversión, por necesidad de atravesar la neblina, es lo que se ofrece en el despoblado recinto de Buenos Aires. Tómelo o déjelo, pero sin hacerse la película.
Dejá tu comentario