Eludiendo la apreciación directa, porque dijo que no había sido consultado oficialmente, se refirió a una pregunta que le habían realizado en Zimbabwe, respecto de si un superente podía estar en manos de un Ministerio de Economía. Y el hombre, sin ninguna piedad, mencionó que en tal oportunidad les comentó: «En ese país, o en cualquier otro del mundo, sería un disparate». De postre, ya centrado en nuestro escenario, el locuaz inglés apreció: «Tras la crisis del ' corralito', no sería el mejor instrumento». Ganándose de antemano el odio de varios funcionarios dejó al descubierto que la única utilidad de un organismo como el que se proyecta debe estar basada en la independencia de que pueda gozar para supervisar el sistema. Sabido que la búsqueda de «superpoderes» no resultó un caso privativo de Cavallo, aunque sí el más meneado, es difícil imaginar que la entidad no reviste a las órdenes de un ministro que ya ha capturado para sí otras áreas (como las estadísticas). El proyecto sobre el que se avanza, escudados en que lo solicitó el FMI, debería ser tema de estudios por todo el sector financiero y solicitando más precisiones. No será una cuestión menor, sin dudas, pero hasta ahora no ha tenido la mínima atención particular: en su clásica estrategia de «dejar hacer» a cuanto gobernante pasa, los que deberá estar sujetos al nuevo engendro recién después comenzarán a ver las contrariedades. Y será tarde.
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Al parecer, esto también engloba al sector de «mercados de valores», además de bancos y AFJP, con lo cual habría que estar analizando en qué lugar se ubica respecto de las instituciones del sistema y de la Comisión Nacional de Valores. El afán de poseer todo bajo el control vertical, para poder digitar con absoluta facilidad, tiene que estar bajo el análisis precautorio del sistema bursátil, porque tales emprendimientos van en procura de cercar lo privado, en dirección al predominio estatal en casi todos los órdenes.
No se deberán perder de vista los avances que existan acerca de los alcances, y las atribuciones del llamado « superente», porque si algo no se precisa en momentos de delgadez y viniendo de una crisis muy seria, es que se impongan trabas adicionales. Se nos ocurre como el dato más relevante de cuantos están dando vueltas para imaginar cómo se planteará el futuro de la actividad. Ya no pasa por encontrar estímulos de la economía, o de la afluencia de capitales, sino por percibir qué es lo que se está cocinando en las febriles mentes de estos funcionarios, tan proclives a avasallar normas y fabricarse un poder absoluto. Y lo mejor será que se le vaya dando «prioridad uno» al análisis.
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