26 de abril 2004 - 00:00

Cupones bursátiles

Cuando las aleaciones se encastran hacia uno de los planos, inclinando el terreno ostensiblemente, resulta sumamente riesgoso querer remontarlo desde el lado desfavorable. Es un principio que aplicaron los más mentados operadores de la historia bursátil, le llamaban «estar en el lado desfavorable de la mesa». Nos preguntamos qué habrá sucedido, en todas las ruedas que vinieron viendo derrapar al Merval desde arriba de los 1.200 puntos, con aquellos -que nunca faltan-que cometieron el pecado capital de «promediar a la baja». Buscando esa tramposa seducción de bajar los promedios de compras anteriores, oponiéndose a la tendencia que marcaba corrección tras corrección. Es el camino más directo a la ruina, también lo sabían muy bien aquellos antepasados que solamente promediaban hacia arriba: esto es, acompañando al mercado y no enfrentándolo. El promedio de posiciones va subiendo, pero siempre habrá ganancias. Y también decían de: «mover los pesos muertos, que las ganancias se cuidan solas». Esto es, preocuparse por las que no están rindiendo bien -en alzadejar correr a las que se deslizan solas, sin hacer retoques inoportunos. Y, mucho menos, salir a vender la que trepa firme, para utilizar el dinero en comprar de las que no se mueven, o bajan. Lo más probable es que aquellas sigan subiendo, las otras... bajando.

Son principios que dictó la práctica a aquellos pioneros, algunos -como Baruch, o Livermore-lo dejaron escrito. Graham los compiló y los dotó de un hilván fundamental, Paul Getty, otro legendario, solamente tenía una fórmula: «comprar ovejas y vender ciervos...». No está mal.

Pero, en el fragor y los nervios de una suba o baja fuerte, los impulsos les suelen ganar a los principios ortodoxos y seguro que varios se habrán metido en problemas. Por promediar a la baja en éste abril que se abrió bajo los pies y dejando una brecha en el recinto. Ni que hablar del que pide el menú completo: caucionarse para comprar más, a la baja. Algunas veces, las menos, esto ha salido bien al surgir una novedad de buen porte, como para que la tónica cambie súbitamente de rumbo y la noche se haga día sin terminar de corregirse el mercado. En la oportunidad, esa aleación de factores vino tan mal, que a la preocupación por temas locales se le incorporó el viejo «zorro» -Alan Greenspan-que demostró seguir poseyendo los poderes de un «señor de los anillos»: solamente con deslizar una frase pícara, hizo temblar a todos los recintos del mundo. De paso, demostró también que cuando la aspiradora del Norte se enciende, capta el capital que desee. Simplemente, dándole una vuelta de tuerca a su tasa. Es la diferencia entre un monstruo financiado por todo el mundo, viviendo con enorme déficit: pero apalancado por su crédito. Y otros... que no pagan, ni tienen crédito.


Dejá tu comentario

Te puede interesar