29 de octubre 2004 - 00:00

Cupones bursátiles

Mientras se continúe sospechando que los fallos de la Justicia, en vez de ajustarse «a derecho», se tiñen de la incidencia de lo político: nada podrá mejorar demasiado. Si se afirma que un juez, que está en la mira para ser reemplazado, canjea su permanencia por un fallo en favor de lo que interesa a las autoridades, todo retrocede más, en vez de mejorar. Sin embargo, toma más trascendencia que un fulano se haya paseado por los jardines de la Quinta de Olivos (que si otro fulano llegó a estar prendido de los balcones de la reina, en Inglaterra, nada nos puede extrañar aquí). Si, además, se comenta con total naturalidad que un proyecto de ley es «cajoneado» en el Congreso -contra las privatizadas- porque no convendría ponerlo ahora sobre la mesa, ya nuestro entusiasmo por el sainete excede lo imaginable.

Demasiado crédulos deberían ser los directivos de tales empresas, para no suponer que si se pasa por el momento de turbulencias con el Fondo: ese proyecto es capaz de votarse «sobre tablas», en un par de días. Proyecto, por otra parte, que contiene tantos artículos insólitos como hacer que «negocien» entre la empresa de servicios y el moroso. Historia que se puede también suponer de qué modo terminaría: aquí no paga más nadie y que se las arreglen las empresas. La velocidad con que creamos novedades para alguna antología de lo inconcebible, es asombrosa. De qué modo varían las opiniones -como en fallos de integrantes de la Corte- es un ejemplo, también en la misma semana, con el canje de deuda de Mendoza. Que primero surgió con ribetes triunfalistas, y auspiciosos, para después ver que debido a lo bajo de la adhesión Mendoza abre de nuevo el cupo.
 
¿Cómo hacer para entender algo tan poco apegado a nada, como un mercado bursátil? Si lo que debiera estar sólidamente adherido en el contexto de país, parece estar en permanente situación flotante. Podríamos llegar a concluir que la tan acusada de volatilidades e imprevistos -la Bolsa- resulte ser de lo más coherente. Y ya viene de otra demostración, como pocas en la historia mundial de los mercados: que el sistema de alto riesgo y sólo fundamentado en la palabra, el bursátil, respondió en la crisis mucho mejor que todo lo que se considera como inversión de casi ningún riesgo (bonos soberanos, plazos fijos, depósitos en dólares) y que acabaron con serias estafas al colocador y controversias que nunca se terminarán. La tendencia accionaria ha sabido tener sus baches, sus caídas de tensión, pero es la única que permitió un desquite a lo largo de un año y medio ya. Y el que deposita su dinero, se lo lleva cuando desee. No depende de fallos, ni de gente que juega a retorcer las leyes y tratar de resolver las cuestiones a gusto personal. Sobre tales bases, dicen que recuperamos la dignidad. (Mejor sería colocar otro término menos digno.)

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