17 de noviembre 2004 - 00:00

Cupones bursátiles

Cierta vez, alguien que quería -como tantos otros- llegar a la clave de la riqueza se atrevió a preguntarle al legendario barón Rothschild si era difícil hacer dinero en la Bolsa. Contestó que no, al contrario, pensaba que era muy fácil. «Claro, eso usted lo dice porque es un hombre muy rico», replicó el asombrado preguntón. «En absoluto. He hallado el camino más fácil y me aferro a él. No puedo evitar ganar dinero y le diré mi secreto si lo desea. Es esto: no compro nunca en el suelo y vendo siempre demasiado pronto...» Si existe una forma de inmortalizar la fórmula de moverse siempre por el medio, evitando llegar a los extremos del mercado, sin dudas esa respuesta lo fue. Tan sencillo que suena, tan difícil de llevar adelante con la imprescindible disciplina, que evite las tentaciones a comprar lo más bajo posible y vender en los precios máximos. Que suele ser, quién no lo ha comprobado, uno de los causales de perder buenas ganancias. Y de allí se imprime la máxima aquélla que nos dice: «Nunca es muy bajo, para un bajista. Y nunca demasiado alto, para un alcista». Lo que pregonaba el renombrado banquero, y hombre de negocios por doquier, es saber que esperar demasiado para buscar el máximo de utilidad no conduce a buenas realizaciones. Tomar una banda menor, que no haga esperar siempre un piso más bajo, para comprar. Y tener la decisión de tomar las ganancias antes de que el ciclo madure del todo, seguramente es una reflexión apropiada para evitar las dudas atroces de saber cuándo es «basta». Lo quisimos reflotar ahora, en esta zona donde otra vez han aparecido las ruedas «raras». Donde se está operando con bastante niebla y en un mercado que, en los meses previos, ha sabido poner sobre la mesa excelentes beneficios: que ya han sido pasados a cobrar por los que no se flagelan al «vender demasiado pronto».

Claro que el índice puede ir bastante más arriba, si todo lo que está danzando en su derredor se enhebra de acuerdo con los deseos. Pero también podría desagiarse bastante, donde alguno de los temas de fondo no se resuelva como corresponda. Y comprender las dos alternativas y proceder: es, simplemente, correr por el medio. «Nadie se ha fundido nunca por llevar las ganancias a casa», parece una reflexión demasiado conservadora, pero resulta inapelable. Y grandes fortunas se han hecho de pequeñas ganancias, sacadas a tiempo. La presteza para operar, para decidir, es fundamental y mucho más que la sapiencia. Así decía Jesse Livermore -uno de los más famosos especuladores-: «Una persona puede saber lo que hay que hacer y, a pesar de ello, perder dinero, por no hacerlo con suficiente rapidez». Un poco del elixir de los antiguos, que nunca serán viejos, puede que no haya estado de más en este punto de la tendencia: lo demás, corre por su cuenta.

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