Estamos a la espera de la especialidad de fin de año, los sondeos de los medios sobre distintos analistas y administradores de cartera: para que arriesguen a cuánto verán el Merval a finales de 2003. En realidad, no pasa de ser un juego inocente, por medio del cual -muchas veces- el entrevistado arroja cifras que van en procura de sus propios deseos, o que halaguen el oído de los potenciales inversores. Después, Dios y la Bolsa dirán, que es como es siempre y en virtud de los imponderables de toda índole, que van impactando sobre la línea de tendencia. Así es que «el inversor inteligente» -como podría asegurar Benjamín Graham-lo mejor que puede hacer en estos casos, es tomar las predicciones como simples notas de color y aferrarse a aquellas evidencias sensatas que lo pueden guiar a través de los meses. ¿Un año? Un disparate, un año de nuestro país es como adivinar una década de cualquier medio normal. Y si, como agregado, se tratará de un año con elecciones de por medio: acertar con un Merval a diciembre, resulta como descifrar un moderno «Código Da Vinci». Lo máximo que podemos aspirar es a descifrar qué sucederá con el enero que amanece: y en el medio surge una frontera del canje de deuda que deberá regir el andar del Merval, desde antes y hasta después.
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Acortar el plazo, para predecir qué puede suceder en lunes y martes, ya es bastante. ¿Se animaría algún lector a jugar lo suyo en una sola vuelta y pronosticar al índice, por estos dos primeros días de enero? Tiene ciertos fundamentos que provienen del pasar inmediato, el cierre de año y la semana pasada. ¿Puede estar seguro que tal última semana no resultó una minicruzada, procurando que el Merval luciera bien con 1.400 puntos? ¿Existió el aval necesario para marchar en pos del objetivo, órdenes detrás de las subas? Si fue así, no puede estar fuera de concurso que haya que filtrar esas ruedas y poner las cosas en orden, una vez que la estadística quedó grabada. De lo contrario, puede que exista una vinculación directa con la estupenda etapa de diciembre y el índice prosiguiendo el avance en enero. No son escasas las dudas razonables para poder acertar nada más que uno de los resultados, en solamente dos ruedas. La realidad dice que no es sencillo dispersar un pronóstico con visos serios, ni siquiera para tan corto lapso y jugando las chances al cincuenta y cincuenta. Y si esto es así, cómo hacer para imaginar qué sucederá en un mes, o en el « enorme» plazo de un año. Para los que supongan que todo lo malo ya pasó por nuestro país, y que todo lo que venga será mejor, parece que la decisión fuera más sencilla. Los que ven que todavía hay bastante de fondo para solucionar, entre política y economía, el único recurso es adquirir la gauchita bola de cristal (y se le puede echar la culpa si no acierta). Informate más
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