El desplante que se le hace a una entidad de 150 años de historial, natural símbolo de un mercado de capitales, y -peor todavía- como dejándola siendo «culpable» de no ir en pro de los planes gubernamentales resulta, más que un error, una insolencia. Esto, referido a la desmentida de que la oferta a los bonistas vaya a realizarse en la nave principal de la Bolsa de Comercio, cuando al surgir la especie, muchos días atrás, nadie salió a objetarlo.
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Es propio de funcionarios que están de paso, pero sumamente engreídos con sus cargos y que se dan pobres «lujos» como éstos. Tipo de empleados del país de los que la Bolsa ha visto pasar de a cientos, en su siglo y medio de estar acompañando políticas y economías. Dentro del ambiente, la novedad cayó como debía caer, con gestos de desconcierto por el modo en que los medios daban cuenta de esa decisión, citando algunas fuentes que -justamente- aducían que la entidad no había participado en determinada reunión. Sin embargo, todo el ciclo cumplido por el mercado bursátil desde la crisis ha sido de permanente acompañamiento a la gestión ensayada, y no faltó la presencia de toda la cúpula gobernante en la recepción donde la entidad festejaba su aniversario. Es sumamente extraño el acontecimiento, si bien no resulta fuera de un marco actual, donde se vive buscando supuestos adversarios en todos los sectores. Con esto, se vino a rematar un período de luces bajas del inicio de año, aunque dentro de la flojedad de precios y volúmenes existieron otros factores ponderados para generar ese primer valle de 2005, con casi 5% de merma sobre el cierre de 2004. Y es así como enero no se ha mostrado propicio ni fértil, como para continuar la escalada de mediados de diciembre. Es como que se cambió un mercado por otro, incidiendo -claro está- el motivo de orden mundial, respecto de Greenspan y sus tasas. Pero, aunque esto no hubiera perjudicado, acaso el resultado no estaba para suavizarse demasiado. Esos finales de diciembre se habían visto como forzados, en una hazaña de querer alcanzar los 1.400 puntos con toda la energía que quedaba. Y resulta que, una semana después, se estaba teniendo que luchar en la frontera de los 1.300 puntos, como una muestra de que la demanda se había sobreactuado antes y que la oferta ya no era tan complaciente. Se volvieron a romper esos lazos que, naturalmente, deben confrontar y no ser aliados -oferta y demanda- como parecieron en varios pasajes de 2004, haciendo fuerza para el mismo lado y sacando algunas ruedas como de la galera. Ya vamos ingresando en la «zona roja», aquella que deberá decirnos hasta dónde se recibe con buena actitud la unilateral oferta argentina. Recemos. Informate más
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