14 de enero 2005 - 00:00

Cupones bursátiles

El «campeonato de verano» en la Bolsa promete ser mucho más entretenido que las deplorables demostraciones futbolísticas. Al menos, en las primeras semanas se han visto goles en los dos arcos y aquí salen a jugar los titulares, sin quejarse por estar viniendo del receso. Era como para suponer un verano bien caliente, por todo aquello que envuelve a estos dos meses, pero no tan disputado en las dos direcciones. Primero, abajo, abajo, abajo. Después, repunte, repunte... mientras, en el contexto, aparecían las primeras sanciones a empresas de servicios y el vocero español anunciaba que el próximo destino para inversiones de tal origen sería: Brasil. Preocupante, así como la sugestiva salida de sociedades francesas, en varios rubros. Preocupante porque, por más que se agiten banderas ideológicas, lo único capaz de resolver problemas es el capital. Y lo que se percibe es un sesgo no solamente al corte de suministros nuevos, sino a la paulatina desinversión del capital foráneo. No parecen resultar cuestiones que preocupen al gran público -obviamente-, pero tampoco hemos percibido que tal tipo de anuncios formales saquen de sus esquemas a quienes sí deberían preocuparse por si la tendencia se acelera. Las declaraciones del español aparecieron en módicos recuadros, en tanto cualquier novedad de poca monta de orden local -como el calor- ocupaba los principales espacios.

En la Bolsa no se entiende bien qué pudo haber variado de una semana a la otra, para mostrar direcciones tan nítidamente opuestas. Salvo ese temor tácito que cunda por los escritorios -o bien-, ciertas «recomendaciones» expresas para no ponerse de punta con el conjunto de irritados, que no titubean en mencionar enemigos por doquier. Mientras todo se preparaba para lanzar la propuesta del canje, allí estaban los precios de la Bolsa hacia arriba, con una oferta muy cuidada y obediente, y una demanda que resurgió de golpe, para la semana. Si el lector no cree en fantasmas que se menean, nosotros sí creemos, porque en muchas épocas los hemos visto de cuerpo presente, con funcionarios que nunca le prestan atención al mercado, salvo cuando produce resultados que no van acordes con lo que desean. Y en instancias como las actuales, es indudable que no deseaban tener una tendencia prolongada igual a la de la primera semana. Como los argumentos no hay necesidad de decirlos, para justificar la actitud de compra y de venta queda como uno de los tramos insólitos -de cara y seca- ya observados en otros pasajes de años anteriores. No importará mucho tal respaldo de los índices bursátiles, como sí importarían resultados a la inversa. ¿O será que, por más ignorada que lo tengan, lo bursátil siempre es el gran termómetro del país?

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