20 de enero 2005 - 00:00

Cupones Bursátiles

Habrá que aguardar hasta el 10 de febrero para poder conocer los trimestrales cerrados en diciembre. Para las que son «memorias» de 2004, bastante tiempo más: salvo que algunas sociedades se conduelan del simple inversor minoritario y den un poco antes la información. Y es mucho tiempo, un asunto que no se corrige por más que Bill Gates invente la computadora que se cargue los números sola, seguramente en nuestro medio los balances repetirán cuatro veces al año el cansino ritmo de los 45 días para conocer un simple trimestral.

Pero casi todo en el país es más de lo mismo -desde hace décadas- así que mejor acomodarse a esos plazos y ver de qué modo remataron el año casi todas las empresas cotizantes. Muchas de ellas favorecidas por el derrame de dinero sobre el consumo, la postergación impositiva, el aumento salarial por decreto, y aquello que incentiva más al consumidor por lo estacional del último trimestre, festivo. Y después arribarán los de marzo, todavía dentro de parecidas condiciones básicas, quedando la mitad del primer semestre como el que tendrá que concentrar los resultados del canje -en su efecto económico local- y esa suba de costos, donde aparecerán de lleno los incrementos de los servicios para empresas y comercios.

Las claras advertencias acercade que muchas firmas trasladarán la suba de costos a precios finales está dicha inclusive en ciertas declaraciones oficiales de organizaciones que reúnen a sectores del empresariado. Por lo cual habrá que poseer una visión muy equilibrada frente a lo que llegue por diciembre, y desmenuzar si para un sector o empresa particular se dieron condiciones excepcionales que habrán de variar unos meses más adelante.



¡Ojo! con querer proyectar nada, en base a datos de una zona que puede resultar de brillo, pero puntual. Alentada explícitamente desde la política oficial llevada a cabo. Y ya en función de 2005 se deberá ser muy afecto a la discriminación de papeles con sintonía fina, antes que con el trazo grueso. Puede resultar un ejercicio muy marcado en ganadores y perdedores, según se esté ligado a un tipo de rubro, al mercado local, a la exportación como columna. Y a ese juego de tener que pagar insumos en dólares y vender en pesos servicios o productos. No resulta especialmente sorprendente que las tarifas de servicios se modifiquen, ya mucho las han tenido bajo la suela desde la devaluación. Obviamente que no le gusta al consumidor, pero menos le está agradando a industria y a comercio que -en principio tendrán que llevar la cruz pesada, donde se quiere dejar al margen a lo residencial. Sin embargo, el círculo siempre vuelve a cerrarse sobre el cuello común: lo que no ahorremos por facturas directas, lo pagaremos cuando el aumento se traslade a los precios. Y dale que va.

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