11 de marzo 2005 - 00:00

Cupones bursátiles

La plaza accionaria se fue corriendo humildemente del centro de la escena, señal que se dio por el indicador más fiel: el de los negocios. Todavía temprano para conclusiones más contundentes, es aconsejable tener en consideración una plaza que goce de menor liquidez y que pueda perder el peso de carteras que se acercaron a participar del movimiento/ canje de febrero. Los primeros pasos de esta semana denotaron la orfandad de motivación, como si la Bolsa se hubiera quedado sin canje y viendo que sus especies ahora se canjean por otros títulos.

Como a Lavagna parece que algún funcionario de organismo del exterior le recordó que en la cuenta de la deuda se le habían «extraviado» unos veinte mil millones de dólares, es apasionante saber de qué modo se puede llegar a congeniar posiciones. No son «chirolas», y responde al verdadero saqueo, formal, que el país podría ensayar sobre sus acreedores.

Suena a demasiado grueso el tendal, como para que nadie se vaya a preocupar por heridos y contusos. Lo que sí se puede elogiar es la dureza de rostros, en nuestros representantes, capaces de decir sueltos de cuerpo que: el que no canjeó que se embrome. Si semejante bulto pasa por la aduana de todos los observadores y organismos, habrá que creer en que existe un raro halo protector sobre las autoridades actuales. Y si son capaces de escabullir veinte mil millones de dólares, sin dar un cobre a cambio, deberán estar a la cabeza de todo ranking de ilusionistas que se quiera realizar.

Y ya que se trata de escabullir, al mercado le han escabullido de unos treinta a cuarenta millones de volumen en acciones, al que se lo enfrentó con suficiente presteza inicial y a la espera de alguna reacción de esos montos. Las veces que se fue hacia abajo, se produjo el repunte oportuno y con un prudente cierre vendedor. Tampoco debe olvidarse que hay carteras nutridas de recios en torno a los 1.600 puntos, que si la plaza se hace más delgada y se quieren colocar posiciones densas, solamente atentarán contra su propio promedio. Es, así, una zona de transición el arranque de marzo, donde se está buscando dónde ir -y sobre la base de qué nuevo estímulo- mientras se entretienen las ruedas en juegos cortos y procurando asumir que no se cuenta con igual fluidez en el ida y vuelta.

La inflación, si se da con fuerza, no debería afectar en demasía al papel privado: salvo, claro, que se insista en no dejar incorporar los ajustes a los balances. Esto de jugar con el número «histórico», mientras todo danza en derredor, nos retrotrae a la época de los '70 y que debió ser corregida. Hay un escenario que cambia sus decorados; se verá dónde queda el sitio de lo bursátil.

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