14 de marzo 2005 - 00:00

Cupones bursátiles

En la «ruleta rusa», de lo que podía suceder después de haber culminado el show del canje, a la Bolsa le salió el tiro en el primer gatillar de marzo. No hubo mucha suerte, podía haberse extendido un poco más el idilio con los bonos y con la embriaguez mediática del éxito alcanzado, para después sobrevenir una depuración. No fue así, posiblemente porque una aleación contraria de elementos afines a finanzas y mercados afectó a otros índices referentes -como el Dow y el Bovespa-, pero se ensañó con la «gordura» de Buenos Aires durante febrero.

Así, se formalizó un trencito perdedor, a partir de la seria preocupación por lo que suceda con la eterna tasa de Greenspan, y donde el Merval se llevó 9,2% de caída semanal, con el de Brasil en casi 4% y el Dow 1,6%.

Está bien que a quien mejor le había ido el mes anterior más precio debía pagar frente a una inclemencia. Pero la semana tan dura que hubo que soportar en nuestro medio recogió otros condimentos. Nada quedó para el festejo ni el gran optimismo de la ida del ministro de Economía a las altas esferas del mundo, el perfil bajo de los ecos del viaje imponían un frío tratamiento a nuestro «éxito». Hay veinte mil millones de dólares flotando, adeudados, también hay sugerencias directas a arreglar el extravío de tal dinero, que desapareció de nuestras deudas...

La locuaz arremetida oficial contra una petrolera, sugestiva por demás y rodeada de todo un circo popular para ejercer presión por medio del temor, seguramente que habrá dado la vuelta al mundo y deben estar tomando debida cuenta: los supuestos inversores potenciales en la Argentina. Esto debe resultar foco de gran preocupación en todo el empresariado y -por extensión- en el circuito de la inversión de riesgo privado. Es prenuncio de más acciones directas, de aquellas que espantan interesadas por participar en sistemas agresivos.

Hay un gran río revuelto en el arranque de marzo, la visibilidad se redujo como en días de niebla, y a la plaza accionaria se le terminaron las grandes órdenes compradoras: mutándose por grandes órdenes vendedoras. Lo que sirve también para medir el cambio de clima, con la simple -pero, enorme- facilidad que posee un mercado de oferta y demanda pública y libre, para demostrar sus sensaciones. Nada de bueno empalmó detrás del operativo del canje, se sumó la preocupación por una inflación a la que se quiere combatir con varias estrategias distintas (Kirchner y sus impulsos, Redrado y su fórmula astringente, Lavagna... vaya a saberse de qué modo). El avance de marzo nos interna en un capítulo del libro de 2005 que se ha presentado como denso en su trama, variado en sus ángulos, con personajes y hechos que bailan entre la comedia y el drama. La sociedad observa.

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