La obra del gran Macedonio Fernández es superada cada vez más asiduamente por la metafísica que se desprende de nuestros extraños caminos hacia el vacío. Si hubiera estado escribiendo, probablemente Macedonio hubiérale dedicado algún cuento del tipo: «El bono que quiso ser cosmos», como para patentizar lo que ha estado sucediendo con las depreciaciones poscanje y donde, cada rueda, parecían lucir más bellos los canjeados como chatarra. Y todavía no se volcó la gran liquidez, con la entrega que será efectiva a partir de inicios de abril, ante lo cual -y una vez más- el título privado, que acaba de comerse toda la utilidad del año en el índice, implica menos riesgo que los flameantes papeles pintados que nuestros gobernantes prosiguen emitiendo. La explicación es sencilla: detrás de una acción de una empresa de cierto prestigio, de buena estructura, existe el respaldo detrás. ¿Que hay detrás de un bono indexado por inflación, o que tiene fecha de 2003". Da risa cuando se escucha que los inversores del mundo « comprendieron» a la Argentina, los que canjearon, cuando -en verdad- fueron ayudados a «comprender» con una opción tan vista, como la que dice que es mejor envejecer, que la alternativa. De qué modo está todo atado con alambre, caminando por encima del agua, tiene ahora una primera muestra posdefault.
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Mientras, se «esperan inversiones», en tanto se envía a empresarios de servicios para tratar de renegociar con un cambio de estadio, lo que les asegura la delicada forma de ayudar a « comprender», que les dispensarán miles de personas que trabajan de piqueteros. Nos estamos debatiendo con controversias por todas partes. Imposible intentar observar un noticiario sin que aparezcan conflictos gremiales, situaciones enojosas, paralizaciones espontáneas de prestaciones y una virulencia inflacionaria que -recién ahora- gana primeras planas y preocupaciones oficiales. ¿Qué puede haber de imprevisto para quienes no han previsto nada? Respuesta: nada. Entonces, cada cuestión parece dar un puntapié en el hormiguero de gobernantes, que se encuentran con situaciones como caídas del cosmos de Macedonio: o enviadas por «enemigos que conspiran».
El país de las contradicciones metafísicas, donde tanto se puede ver una página mostrando a legisladores bonaerenses propugnando una «ley para impedir ejecuciones hipotecarias en el país», rematada con un aviso a color, de un banco, donde se promociona la toma del crédito hipotecario. Con todo lo que flota en derredor, la Bolsa de Comercio debería estar más orgullosa de que todavía existe este mercado en el país, que toda la justificada gloria de haber cumplido un siglo y medio. O muchos no saben, o muchos más se hacen los tontos, pero no parecen estar muy bien encaminadas nuestras chances por un país floreciente. ¿O nos parece, por tontos?...