Se extiende el suspenso de esa película de terror producida en nuestro medio y distribuida por todo el mundo, que llevó por título: «Canje de bonos». Se corren las primeras fechas que se habían invocado, como para oír el fallo sobre el embargo interpuesto. Obviamente, aquí se percibe -y la Bolsa y su tendencia lo atestiguan- que se da casi como un hecho una decisión en favor de la postura argentina. No hemos visto ninguna hipótesis de mínima rodando por allí -que sería un fallo adverso-, lo que habilitaría a otro tipo de consideraciones llegando por sorpresa. Sólo imaginar titulares de los medios con ese meteoro sobre el que nadie había previsto nada -y la Bolsa tampoco- sería capaz de crear un cráter dentro de tal día (después, como siempre, a todo nos acostumbramos velozmente los argentinos).
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¿Cuál sería la primera reacción oficial? En tren de imaginar, suponemos el clásico malhumor fluyendo por las yugulares de los gobernantes... A renglón seguido, alguno de los voceros favoritos hablando de injusticia. Después, la infaltable aparición presidencial lanzando acusaciones a diestra y siniestra. Y de inmediato, esto que se ha venido preparando oportunamente: jugar la teoría de lo constitucional y del ámbito local para los juicios, tratando de no dar por válido lo fallado. Acaso nada de esto suceda, si es que aparece aquello que todos los círculos esperan. Pero no deja de ser inaudita la posición que se asume. Dejar que los hechos corran, hacer silencio y en lugar de allanarse a lo que se dicte, inmediatamente cargar contra la resolución que no favorecía los intereses. Es tal el sentido de lo que representa someterse a los tribunales, que también está instalado en las mentes comunes. Es habitual ver gente, de cualquier condición, que en los inicios de un litigio asegura: «Yo creo en la Justicia». Pero cuando el fallo sale a la inversa de lo que creía, discute y se rebela ante lo resuelto. Con lo cual cada ciudadano pareciera creer que lo justo es lo que cada uno cree de un asunto. Claro, con los ejemplos que llegan desde la cúpula, tal tipo de actitud no se va a erradicar, sino a instalar a perpetuidad.
Pero volviendo al tema del embargo de bonos, el mercado accionario abrió la semana defendiendo lo anterior -una rehabilitación de 6%-, aunque llamándose a recato en el ingreso de más órdenes tomadoras. Como subrayando cierta indisposición ante el alargamiento de incertidumbres. No tiene mucho a qué ceñirse, en búsqueda de reacomodar sus fuerzas, más que esperar tal fallo -a favor- y procurar partir en cierto festejo. A menos, claro, que se haya dado lo de la vez pasada y ya lo mejorado haya estado como en «adelanto» a la buena nueva. Como para que pase poco, aunque venga favorable. ¿Y si no viene así?