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Un juego que, ciertamente, no le envidiamos a ningún empresario tener que estar jugando en estos tiempos: el de tener la permanente duda atroz de rechazar demanda o exponerse a pasar por la cámara del sufrimiento por el «delito» de querer expandirse.
El algún momento deberá definirse a qué tipo de principios económicos se responde, o si todos son arrasados de cuajo por el predominio de la ideología, que se da el lujo de defecar sobre todo concepto de mercado.
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