1 de junio 2005 - 00:00

Cupones bursátiles

Se fue deslizando mayo dentro de un ambiente bursátil sin demasiadas variantes, al margen de lo que pueda decirse desde lo solamente estadístico, y quedará la calificación de lo que se viene desarrollando en estos cinco meses: según le haya ido a cada operador en el mercado, la posición más o menos habitual. Si se dan dos pasos hacia atrás, si se puede disociar la mente del bolsillo, acaso se pueden suavizar esas opiniones en ambas direcciones. La medianía es lo que terminó por privar, por debajo de las aristas más notorias de subas y de bajas. No hay tendencia de fondo, éste es el hecho que más conviene rescatar, porque condiciona todos los movimientos y que -necesariamente- se siguen abriendo y cerrando en el corto plazo.

Aspirar a una inversión de acumulación todavía parece presentar serios reparos a muchas de las carteras. Otras, institucionales, saben que deben ir preparando sus arcas para recibir -sí o sí- los títulos públicos que les vayan a adosar. Hasta, quizá, debiendo hacer liquidez de los activos privados si es que se deben absorber más bonos. La historia de siempre, no importan personajes o colores de gobernantes que han pasado, en cuanto a que el Estado actúa compulsivamente en inyectar papeles propios, no solamente restando caudal a lo privado, sino repartiendo -si caben culpas- a los administradores, por no haber protegido bien a sus adherentes. Y éstos vuelven a repetir la historia en cada caso, sin animarse a oponerse con criterio a llenar sus carteras de los tan poco confiables bonos argentinos.

Realmente, cuando uno lee las novedades sobre que se habrán de entregar emisiones a varios años, como el 2014 o cosas por el estilo, siempre dan ganas de pensar: por los que deban hacer responsables de tales títulos. Y, también, qué tipo de ideología nos estará gobernando en aquel momento. En definitiva, imaginarse qué sensación puede tener una persona que posea en cartera semejante especie nacional: derivada directa de los que cayeron en default y después recibieron el trato unilateral y explosivo del canje realizado.

Al sector privado bursátil, lo recorrimos en detalle sobre estadísticas de un lunes (como tantos otros) viendo que de la torta global que circula, las acciones apenas si se llevan algo más de 10%. Es una lástima, por otra parte, que ciertas acciones que gozan de muy buenas condiciones -no las más-, pero algunas no puedan contar con las corrientes de inversión que se merecen. Esa clase de papeles que son un lujo en cualquier tipo de cartera que se realice. Claro, por allí nos encontramos -a pesar de todo- con algún enfervorizado que nos diga que un bono de deuda oficial es mejor que una acción.

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