Se estuvo haciendo carne e idea que la cuestión de las restricciones al libre movimiento del ingreso y salida de dólares es la responsable de la caída de tensión en nuestro índice de precios accionarios. No estamos muy convencidos de ello, aunque hay que reconocer que el argumento le cae bastante bien al momento de opacidades. Sin embargo, no hubo chatura en lo que hace al ritmo de negocios: las bajas fuertes se hicieron con volúmenes altos. A esto se le responderá -seguramente- con un razonamiento que, también, puede encajar bien: que se hubo ofertas fuertes, producto de la huida de capitales, etc. De última, no importa tanto que esa motivación resulte la acertada o no. Basta con que muchos crean que es así para que el efecto se produzca. Y, como en tantas otras ocasiones, es posible que el efecto sea mucho más devastador que la causa que lo haya originado. Lamentable que sucediera de tal forma, porque ya tenemos un mercado de dimensiones breves, como para -encima- tenerlo todo desarmado y con alientos en la nuca de los operadores.
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Yendo al centro de la cuestión, suponer que es el mismo capital «golondrina» que ingresa a la renta fija como al mercado de riesgo puro -acciones- es mezclar la hacienda de manera formidable. Más allá de que la simple palabra «especulación» no es una mala palabra, sino una palabra mal utilizada y con una triste leyenda que arrastra por siglos, no resulta lo mismo -en absoluto- que un dólar venga a tratar de hacer negocios financieros, arbitrando con las tasas y un tipo de cambio cuasi fijo, que aquel otro que pueda tomar posiciones en acciones, donde no existe seguridad de que vayan a subir los papeles ni se cuenta con ninguna renta segura y se corre serio riesgo de llevarse menos capital que el que se colocó inicialmente. Esto le sucede tanto al inversor nacional como al que se atreve desde afuera a incursionar en nuestra plaza. En tanta remake del pasado parece un volver a reflotar aquella «ley de inversiones extranjeras» que pesaba sobre nuestra Bolsa hasta los '80. Donde era casi prohibitivo que pudiera ingresar capital foráneo a tomar nuestros papeles. Era cuando vivíamos entre las cuatro paredes del viejo recinto, apenas alimentados por exiguos capitales locales y haciendo un mercado casi de familia. Siempre se está a tiempo para poder suministrar medicamentos específicos, en vez del amplio espectro que ataca lo bueno y lo malo por igual. Hacer la necesaria diferencia, para no liquidar lo poco que puede quedar de caudal para nuestro sistema bursátil. Que realmente focalicen por dónde se puede mover ese capital «golondrina» al que, se dice, se desea ahuyentar (como aquí no vienen ni gorriones), antes de sembrar un miedo inútil. Informate más
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