22 de junio 2005 - 00:00

Cupones bursátiles

Cuando las autoridades bursátiles fueron a exponer preocupación a la propia Casa de Gobierno, acerca de la inclusión del sistema dentro del llamado control a capitales golondrina, en realidad, estaban llevando un pedido de consideración respecto de lo que es un absurdo total. Pero, en verdad, toda esa nueva especie echada a rodar bajo el rótulo de perseguir a la «especulación» huele a rancio profundo. Con todo lo que ha venido realizando la Argentina para vapulear y ahuyentar capitales, con el modo de tratar a quienes confiaron unos dineros en sus bonos de deuda, con el maltrato y la arrogancia que todavía se desprende de los funcionarios, cada vez que algún organismo exterior recuerda el tema de arreglar con los bonistas que quedaron fuera del canje, el descaro llega a una máxima expresión: querer que los que tengan la loca ocurrencia de venir a incorporar capital resulten grandes incautos. Y que se sometan a restricciones y a normas rígidas, cuando aquí no se les promete ningún marco que pueda llamarse serio, duradero, respetado con el principio de lo soberano para honrar compromiso. A cambio, lo que les insinuamos es que lo que viene detrás del default es para tenerle confianza, a menos -claro- que dentro de unos años otros gobernantes crean lo contrario, respecto del marco y las condiciones dados ahora.

Sin embargo, nos queremos dar el lujo de clasificar a los que puedan querer venir, como pasando del rol de victimarios recientes a víctimas potenciales de las maldades del capital golondrina. No sabemos de qué modo se habrán comentado estas medidas enunciadas en el exterior, pero imaginamos que más de uno se habrá quedado perplejo frente al desparpajo de querer capturar inversores que se resignen a ser objeto de cuanto cambio de marco les puedan colocar. Total, si se vuelven a quedar con los dólares, siempre habrá una Corte local dispuesta a avalar una pesificación.

Ciertamente que a las «golondrinas» no les convendría ni siquiera acercarse a nuestro hábitat. Solamente los que sean capaces de tener la velocidad del halcón o la vista del águila pueden estar en condiciones de tentar fortuna en nuestro medio. Y es posible que, a pesar de tales condiciones, se pueden ir medio desplumados en el vuelo rasante.

Inmediatamente luego de la visita bursátil a la Presidencia, y a las novedades que se dieron a conocer respecto a la misma, el clásico celo de funcionarios de menor rango se hizo sentir. Que es una herejía tratar de ir a demostrar una posición, procurar que una norma se corrija por ser desaconsejable y perjudicial. La Bolsa misma debió difundir un comunicado aclaratorio como para que se supiera que el presidente de la Nación simplemente había escuchado la opinión de una entidad que tiene 150 años de historial y quedó en considerarlo. ¿Mucho?

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