23 de junio 2005 - 00:00

Cupones bursátiles

Primero era «todo para después del canje». Ahora, el mensaje es dejar «todo para después de octubre». Quizás, adivinando cuál resultará la siguiente consigna, se pueda llegar a discernir en qué momento el país estará en condiciones políticas y económicas de comenzar a forjar una etapa más razonable.

Cuando todo se va postergando, resulta que una pila de cuestiones de mucho nivel están acumuladas y amenazantes. Tanto, que a cualquier gobernante le darían ganas de volver a postergar soluciones, sea con la justificación que sea.

Para el mercado de riesgo, el mensaje también baja claro, no tomar decisiones de cartera que presupongan plazos más extensos el mes que corre. Y estar con el dedo en el disparador -ya que aquí no poseemos la programación automática de Wall Street- por si el clima de octubre comienza a ponerse espeso. Y en los directorios empresarios, por más que se enoje la cúpula de poder, los márgenes más estrechos son causal de preocupación notoria y lo que se proyecta -incluyendo aumentos de servicios y salarios- coloca una señal de alarma por ver de qué modo se pueden sostener niveles de utilidad. Detrás de algunos amagos de aflojar el collar impositivo, ni siquiera el mínimo incentivo terminó por aparecer. Y, de paso, se mantiene firme la idea de seguir devorando ingresos de la porción de ganancias virtuales no contempladas por los índices inflacionarios. Y además de todo ello, el ingenio de los funcionarios para crear más imposiciones, con la meta de que el tipo de obras de infraestructura resulte a costas del bolsillo de los privados.

Esto es un permanente levantar los ánimos, cuando se encuentran acciones que poseen muy buenos argumentos detrás. Y un declinar de entusiasmo, a ver un contexto plagado de agujeros negros y de una pasividad frustrante para poder eliminarlos. Todos los discursos están ahora dirigidos a lo mismo: a la campaña. Esto, que puede resultar un «leitmotiv» para la corporación política, no lo es para los ciudadanos votantes que intentan, desde sus lugares naturales, enderezar su problemática. Por instantes, parece un buen momento para acumular posiciones, sobre la base de los motivos puramente bursátiles. Al siguiente minuto, algo surca el ambiente como para colocarle un monto de duda a la actitud de compra. Y solamente favorece la conversión de tomadores en vendedores, haciendo un juego permanente de tremendas zonas de inestabilidad. Y es que el desequilibrio en los «mix» de órdenes se producen a una notable velocidad, con golpes de mercado que ven al recinto y las pantallas cargadas en un color, o en el otro. Finalmente, esa suerte de banda que delimita en las dos puntas, dejando ver al inversor que siempre se vuelve al mismo punto. Y que, en definitiva, acaso haya que «esperar hasta después de octubre...».

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