30 de noviembre 2005 - 00:00

Cupones bursátiles

Quedó ya registrado, para la historia, que el ambiente bursátil «lloró» la ida de Lavagna. No por manoseado el tema causó menos impacto. Acaso, porque cuando el mercado recién se desperezaba y dado a conocer a través de una fría alocución oficial lanzando la noticia, el final previsto alcanzó un alto «rating» en las órdenes -con $ 130 millones de efectivo-causando una herida de 4,5 por ciento en el cierre, habiendo sido bastante más en el nivel donde el Merval tocó los 1.535 puntos.

Aptitud del mercado que, seguramente, no habrá caído muy simpática a la corte oficial y que -dados los instrumentos que se manejan- bien puede corregirse dando la impresión inversa: saliendo a comprar desde arcas también oficiales, o semi. No reviste mayor importancia, a menos que una brecha traiga otra después de un repunte, el movimiento sísmico del recambio de nombre, lo que sí deberá crear un estado de «alerta amarillo» es la era post-Lavagna. Que parecía resultar el funcionario más afín a salir -no siempre de la trinchera y a acordarse -de vez en cuando- de criticar no solamente a los empresarios que hacen la economía, sino a los que atentan contra ella, desde actitudes que no reciben ningún gesto de amonestación de la suprema cúpula. Como resultan los gremialistas desaforados, que hacen de la estrategia del «apriete» un modo de peticionar.


Como era de esperar, ante cámaras y micrófonos representantes de entidades ponderaron la gestión del saliente (con generalidades, sin poder mencionar ninguna idea profunda químicamente para del ex ministro y obviando los desaciertos). Y, a renglón seguido, reconocer en la flamante sucesora todas las aptitudes necesarias para su gestión. Esto, como siempre también, difiere bastante de lo que se va a poder oír en cualquier pasillo, o reuniones de escritorio de empresas, organizaciones, o analistas. Priva en casi todos la extrema prudencia, visto que se trata de una política donde se debe estar con ella o considerada en contra. Se venía de un discurso donde la voz presidencial había quebrado el cristal de los supermercadistas. Lo que bajaba de ello era la orden tácita de subordinarse, por las dudas...

Los operadores bursátiles deberán desandar lo que resta del ejercicio, en acertar con el andarivel que se tomará desde ahora. Decir que todo es simple, que resultará una continuación de lo que se hacía, es demasiado lineal para creerlo. Arriesgarse a pagar cierto sismo de expectativas, locales y externas, desprendiéndose de un ministro de Economía, debería ser en procura de que nada, o buena parte, siga igual. Y esto, de modo independiente a como prosiga la tónica de corto plazo, que es perfectamente manejable. Cuando tantas veces se repitió que esperaban las elecciones, para quitarse de encima Lavagna la confirmación trajo sorpresa igual. Fascinante.

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