Se comenzó a conocer cuáles resultarán los métodos «no ortodoxos» que prometió el propio Presidente, respecto de intentar frenar la inflación. Por ahora, sugieren herramientas tan precarias, como incitar a intendentes a que cumplan funciones de «comisarios» de precios. O amenazar con más subas de retenciones. Mientras que, por otra parte, la receta incorpora la aseveración de que los incrementos de salarios no forman parte de un combustible para que la inflación se desarrolle sana y corpulenta. Con tales armas, ingresaremos en 2006, buscando combatir a la fiera que puede destruir lo precariamente reconstituido. Otra herramienta, aunque un tanto menos ruidosa en su presentación, y algo más sofisticada, pasa por construir un índice de precios que se licue -como las carteras accionarias demasiado diversificadas con la medición sobre regiones del interior: y que, en teoría, deberían ayudar a morigerar el peso de lo que se genere en áreas capitalinas y suburbanas. Posiblemente se intente inyectar la idea de que, si el índice da menos, todos nos sentiremos más felices (aunque el dinero se volatilice más velozmente). Con otros agrados, derivados, como no darles todavía más jugoso sustento a los bonos que corrigen por inflación.
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Cuando se habla de tales herramientas, en vez de llamarlas plan, o estrategia, hay que rotularlas como estratagemas para que aquello que es no lo parezca tanto.
Se acaba de despedir a un ministro de Economía que tuvo la habilidad de administrar los efectos de causas que habían producido otros -a quienes el puesto les costó- y dejarse llevar por la música, mientras sonara bien. Esto le ganó una serie de elogios y ponderaciones, quizá basadas en la prudencia del «no hacer» (como dicen los productores, acerca de que los éxitos no se tocan) antes que el poder enumerar alguna idea, o medida, trascendente y profunda. A partir de ahora, quizás haya que pasar a otra fase del juego económico que desdeña lo ortodoxo y descree de planes armoniosos y previsibilidades. Puede que surja la época del «meter mano», del « recambiar» y de crear causales que modifiquen lo anterior: con fórmulas mucho más asociadas a lo político que a lo económico. Es un considerando que nos acompaña también, al ingresar en 2006. Y resultará una apuesta fuerte, como la de controlar precios con modelos policíacos. A lo bursátil, aquello que viene amaneciendo no puede estar agradándole demasiado. Ni siquiera un poco. Por más que aparezcan esas ruedas «de apoyo», que surgen como de la varita de Harry Potter. Primero, están todos procurando sintonizar «F.M.» -Felisa Miceli- y oír el primer tema musical que pasen. Lavagna dejaba correr el disco con temas del tipo «Cómo luces ésta noche», o bien: «Quizás, quizás». Saber qué tipo de ritmo sonará ahora, aligerará mucho el futuro.
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