5 de diciembre 2005 - 00:00

Cupones bursátiles

Entre subir o bajar los encajes bancarios -una de las últimas controversias entre el saliente ministro de Economía y sus oficiales opositores-, se sabe ahora cuál fue la postura que prevaleció. Desde el ángulo reducido de la sola inversión bursátil, tan huérfana de caudales, deberíamos ver el triunfo de la baja del encaje con entusiasta optimismo. Pero como la Bolsa no es una simple isla y con una utópica virtud de captar solamente lo bueno, corresponde ampliar el radio de visión y encontrarnos con un interrogante, inquietante: ¿dónde nos llevará esto, ante los claros síntomas inflacionarios ya instalados?

Ver hacia qué dirección apuntala medida es lo que podemos ver todos sin necesidad de mucha práctica financiera. La búsqueda de movilizar mucho más una rueda económica doméstica, que no se corresponde con la idea de crecimiento que proviene de aquello que se exporta y se retiene, centrado en commodities de excepcional nivel de cotización.

Pensar en un mercado bursátil presa de mayor estrechez por una suba de encajes, la dirección de Lavagna, era bastante terrorífico de suponer. Porque si ya como está la situación se venía un decaimiento de los volúmenes, con una vuelta de tuerca sobre el circulante, todo se habría estrangulado. Y queda claro que la Bolsa del viernes de alguna forma festejó la noticia, habiendo hallado lo que tanto buscaba: cierto aliciente, algún tipo de incentivo. Pero el macro escenario, la economía del país, es la que terminará por ejercer sus mandatos por sobre cualquier tipo de incentivo parcial.

Y nos preocupa, como creemos que a muchos, ver de qué modo se quiere combatir lo inflacionario con ya gastados instrumentos -como convertir a intendentes en vigilantes- mientras, por otra boca, comience a fluir corriente de circulante abonando la entrega de créditos que serán más blandos, muchos de ellos que no irán a ninguna producción, sino a manos de árbitros financieros que procurarán sacarles diferencias en inversiones rápidas. Una porción, y esto es lo que se congratula el ambiente bursátil en festejar, probablemente recale en los cansados paneles de activos de riesgo.


También allí se verá la posibilidad de hacer andar la rueda de negocios, que vino rechinando en el correr de noviembre. No somos economistas, apenas observadores de la actividad bursátil, pero -como todos de cierta edad en nuestro país- con la densa experiencia de habernos desarrollado, como ciudadanos, en todos los capítulos de los procesos inflacionarios. También recordamos aquella época de la «inflación cero» de los '70, de los controles y desabastecimientos posteriores, etc., etcétera. El gobierno gusta de apostar a todo o nada en muchos temas y en esto jugó la carta. Los efectos se deberán ir comprobando a corto plazo. Mejor, sacarle el jugo ahora a todo activo líquido que se pueda.

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