7 de diciembre 2005 - 00:00

Cupones bursátiles

Hay importante partida para incentivar el crédito. Los empresarios se quejan por las tasas. El gobierno los corre con el «cinturón», acusando a casi todos por la inflación. La inflación del año se confirma en dos dígitos. Todo se va encaminando para que se procure la vuelta del crédito «blando», como cuando las tasas terminan por ser negativas en términos reales. Por culpa de la inflación.

Un círculo vicioso que nunca terminó bien y que suele iniciarse cuando todo se toma con suficiencia. La inflación media no molesta, el Estado termina por recaudar más, mucho más de lo natural (ver interesante nota de este diario, del lunes, al respecto) por ese medio. Los créditos terminan por otorgarse a manos productivas o a manos simplemente financieras. Es probable que las tasas terminen subsidiando a los tomadores. Un peligroso viaje al pasado sobre el que nuestro país posee extensos capítulos lamentables. Con tales marcos y riesgos financieros, ingresaremos en el nuevo año.

Lo bursátil reprodujo lógicamente en sus variables, el anuncio de la política crediticia que se expandirá. El viernes, casi con una fiesta de órdenes y de alzas; el lunes, con algo más de cautela y recibiendo algún sosegate, con tomas de utilidad que recortaron la escalada del índice Merval. Y con montos de negocios que perdieron los tres dígitos, evitando incorporar tanta leña al fuego anterior.

Con la única premisa del: «Algo puede quedar para el mercado, cuando exista más crédito y circulante», debe considerarse como natural el efecto para todo lo que sea corto plazo. Las mentes más dinámicas, seguramente, salieron a tomar posiciones cuando comenzó a rodar la novedad desde los albores del viernes. Una buena oportunidad para extraer «crema» inesperada de un mercado que venía sumamente marchitado desde la renuncia de Lavagna.

Ciertamente que nadie lo «lloró» demasiado, esto también contuvo su lógica bursátil: si Lavagna no estará más, la función y la tendencia deben seguir. El único modo, acomodarse a la designación y esperar algunas señales que se puedan reciclar en favor de arrimarle órdenes al mercado.


Lo que vendrá, el ejercicio 2006, pertenece a otra dimensión y donde deberá incluirse esta medida expansiva -junto con lo inflacionario- para chequear qué tipo de reacciones puedan poblar el escenario. Y prepararse para algún « guiño» dentro del ciclo venturoso que se ha podido usufructuar en el país, a través de variables que no son perpetuas y que están en permanente flotación. A pesar de todo el «dirigismo», del férreo modelo de presiones que se puedan imponer en el ámbito doméstico, el grueso, la columna, de la bonanza no está en manos de dirigirse desde Buenos Aires. Precios internacionales, commodities, contexto mundial, escapan a nuestros designios. Y allí deberá pasarse una primera prueba a fondo.

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