12 de diciembre 2005 - 00:00

Cupones bursátiles

El brillo intenso del oro, su marcha ciertamente notable en el año -por ser simple atesoramiento- marchitó cualquier resultado obtenido en las Bolsas. Pero, mucho más allá de eso -que sería el mal menor-, deja implícito un pronóstico rotundo, que se opone a muchas proyecciones «de escritorio». Siempre le creemos mucho más a la opinión que va refrendada por el capital puesto sobre la mesa, que los simples informes donde nadie arriesga nada en la parada. Y nos quedamos sumamente preocupados con esa señal que parece estar irradiando el lingote de oro con su evolución cada vez más entonada, a medida que se acercó el final de 2005.

Cuando al metal le va bien, a casi todo lo demás le va -o le está por ir- bastante mal. Es un clásico el aferrarse del atesoramiento en oro, si es que no se tienen saludables predicciones para todo lo que representa a los demás mercados, a las economías en sí mismas. Si nos ajustamos al instrumento que vemos como de cabecera, sus agujas nos prenuncian un estado global -que no sólo comprende lo económico- sembrado de problemas el año que viene. Y esto, de por sí, ya es un elemento para no dejar de lado ni por un momento, por más «informes», «estimaciones», opiniones de «analistas», más toda la caravana que compone el simple reino del «piripipí».

Hay dinero fuerte, muy fuerte, que decidió pasar a retiro e ir a la calidez que brinda el ámbito del oro. No de nuestro país especialmente, sino el dinero fuerte de verdad. Para que se haya llegado a tal instancia, haciendo que el metal esté hirviendo como no se lo veía desde décadas atrás: no es que se presumen algunas turbulencias de mediano porte. Sino que está latiendo el riesgo de males de corte profundo, los capaces de poner en primer plano la tendencia del oro.


Seguramente que no van, en su mayoría, por el simple deseo de especular y hacer una diferencia con el metal: para eso están los otros mercados.Y es seguro que muchos querrán que los augurios de problemas se puedan dispersar y volver a salir del atesoramiento vegetativo, retornando a sus puertos naturales. Pero, por el momento, esto es «lo que hay», y lo más conveniente es ceñirse a tomar las evidencias como se presentan, sin anteponerles los deseos de que fueran distintas. Sobre el final de 2005, el oro nos habla de un 2006 que viene con nubes cargadas. A esto subordinamos nosotros cualquier otro pronóstico de orden intelectual. Así como siempre ha sido ley del mundo aquello de: «El que tiene el oro pone las reglas», podríamos parafrasear el denominado «efecto mariposa», diciendo: «Cuando el oro bate sus alas, un huracán se forma sobre los mercados». Probablemente, resulte el dato más notorio y contundente con que se cierre 2005.

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