26 de diciembre 2005 - 00:00

Cupones bursátiles

No era sencillo para el presidente de la Bolsa de Comercio -Adelmo Gabbi- asumir el discurso navideño frente a los socios que se reunirían por la tarde, el jueves, para oír al máximo representante de la entidad. No se podía ponderar en demasía el ejercicio a punto de culminar, cuando en la zona final del año había bastante gente... perdiendo bastante. Tampoco era lógico hacer hincapié en lo que el mercado accionario no pudo dar, ya que lo había dado en ciertos capítulos del ejercicio. Y, además, con un respetable promedio de negocios que resultan la base de sustentación del sistema, aunque a los inversores sólo les interesen sus propias cuentas y la rentabilidad de sus carteras.

No asistimos al encuentro, tampoco lo recibimos transcripto, pero imaginamos que no habrá sido tarea fácil poder dar un mensaje a la vez preocupado y alentador. Suponemos que si tomó el camino de confiar en que el siguiente trayecto será mejor, habrá estado acorde con lo que es la misma raíz del espíritu bursátil: siempre imaginar que lo venidero resultará mejor que el presente y el pasado (o nadie compraría acciones, si no cree que éstas tendrán un recorrido alcista). Pero, en definitiva, era un tema a resolver por el titular de la Bolsa en su alocución: lo más importante es que tal dilema se multiplica por todas las oficinas de agentes y asesores de inversión.

¿Qué variables ponderar, cómo cuantificar todos los aspectos, hasta poder llegar a una conclusión sobre el destino y saldo que está dejando el ejercicio en la Bolsa?


Si se suman todos los vallados que hubo de enfrentar y saltar, el mercado donde cotiza el riesgo puro y el más rápido en reaccionar con pies de antílope cuando las incertidumbres acechan, acaso puede afirmarse que no resultó uno de los años «malos» para el sistema.


Aparecieron situaciones donde se reaccionó con mucha calma y madurez, sin que se cayera en valles demasiado peligrosos.Y a pesar de que tales hechos justificaban impulsos vendedores acelerados. De las dos fuerzas, que suelen fusionarse en una sola, nos quedamos más con
la sobriedad que presentaron los de la oferta y que permitieron siempre a la plaza volver a respirar, sin ahogarla en demasía.

Fue desde la
demanda donde se observó un flamear falto de convicciones, que tanto podía insuflar excesivo calor alcista a los índices: como mostrarse desconcertada, desertando, a renglón siguiente. Es como que el inversor nacional, curtido de muchas serias batallas, se encuentre más cómodo cuando funciona en tren de vendedor, que de comprador. Para el segundo papel las dudas y titubeos lo hacen cometer errores mucho más marcados, que no se advierten al tomar el rol de oferta: que sabe desempeñar ordenadamente. (Sólo es una sensación, la describimos en el perfil por si merece ser útil para el autoanálisis.)

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