1 de marzo 2006 - 00:00

Cupones bursátiles

La Bolsa ingresó a marzo con la expectativa por haber salido del natural valle veraniego, aspirando a gozar de las ventajas de la temporada alta de nuestro ciclo.

En realidad, el párrafo anterior le cuadraba a un mercado que ya no existe y donde se podían definir con claridad las distintas etapas del año. Cada pasar de una a otra se percibía de modo notorio en la concentración de operadores, de inversores en el recinto o aledaños, en la simple estadística de volúmenes mensuales. Ya esos rasgos de diferenciación se han perdido, fundidos unos con otros, hasta encontrar zonas de vacaciones con actividad intensa en negocios y en precios. Como la que debía ser la más activa, teóricamente, sumiéndose en un valle profundo.

Marzo es toda una incógnita, a priori, porque deriva de un primer mes más que excelente -enero- y una segunda etapa donde el filtrado, y las dudas, trajeron a las semanas de febrero navegando debajo de la línea de flotación del índice. Que pudo recortarse lo que amenazaba resultar una baja superior, es lo que quedó en el lado del « haber», si bien la pérdida, sea cual fuere, no representa vitamina para las carteras. De todos modos, en la conjunción bimestral se extrae un saldo halagüeño y el que deberá recibir otro golpe alentador en marzo, o proseguir con la tónica que se diluye.

 

Respecto del monto de órdenes diarias, promedio, también se formalizó un gran interrogante. Por algunas ruedas que salen de la nada, explotando en tres dígitos de cifras, surgen muchas otras donde el mercado queda navegando al garete, por aguas poco profundas y donde encalla con frecuencia. Papeles que se destapan, fuerte demanda que se concentra en poco tiempo, para quedar luego en una zona oscura sin mucha explicación racional, salvo la del juego corto, de entrar y salir.

Cierto es que no le llegan señales muy alentadoras a la tendencia, y al ánimo inversor, en un contexto donde cualquiera se da cuenta de que se asiste a un período de
inflación reprimida, colocando las autoridades una tapa a cada tarifa, o sector, que pretende asomar para reacomodarse. Un tipo de conducta que se parece mucho más a la de los '70 -con la «inflación 0» y los posteriores controles- que a la de la década pasada y donde los índices se mantenían naturalmente, sin intervenciones ni mordazas. Los precios del GNC, que ahora deberían estar variando, han promovido otra desesperada corrida de funcionarios para intentar bloquear acuerdos, que ya se habían pospuesto en diciembre.Y así se sigue, ganando -o tratando de ganar- cada mes y engañando con «acuerdos» por cierto lapso, que al vencer los plazos se renuevan bajo doble presión. No es buena señal, menos si se la proyecta en qué podría terminar.

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