24 de mayo 2006 - 00:00

Cupones bursátiles

El presidente de la Nación -Néstor Kirchner- lanzó una «perdigonada», se vio después, embardunando al sector periodístico con supuestos doscientos profesionales del sector, que cobraban dineros de la SIDE. Tan duro como eso, tan descalificador de ser cierto, y después: tan vaporizado en indicaciones insólitas del propio mandatario, como que indicaba a la parte acusada que requiriera las pruebas de ello. Preguntando de modo directo, contestó que -en realidad-el organismo, que es brazo directo del Ejecutivo, no dejaba constancias de dichos pagos en sus registros. Mal podía, entonces, conseguirse ninguna nómina si el tal listado no se había realizado nunca o dejado asentado. Todo indica que esa «bomba» dialéctica lanzada desde el sitial más alto del gobierno, con ribetes tan graves, resultó nada más que otro impulso sin base ni argumentos -lo peor, sin prueba alguna-y es otro ejemplo de la liviandad con que se ejercen los más altos cargos en una sociedad que, de por sí, se ha salido de marco en muchos aspectos.

En reciente reportaje, realizado por el diario «Clarín», uno de sus conceptos -que resaltaron en primera plana- asevera: «Al crecer es natural algo de inflación...». Y tanto es preocupante, muy preocupante, notar que un presidente llame «algo» a lo que resultan los índices más altos de la región, como el haber sido construidos dentro de un régimen que termina ahora aplicando «control de precios» (caído el burdo maquillaje de los «acuerdos») y que continúa embotellando precios, confiando en que nunca el corcho vaya a salir disparado como tantas otras veces. Cuando se le otorga pasaporte en regla a la inflación, lo demás es esperar que crezca y no solamente que se quede en el «algo». La historia argentina, desde el primer peronismo, lo expone claramente y con gobernantes que se fueron acostumbrando a soportar índices, que terminaron en las «híper».  


Solamente dos aspectos queríamos dejar remarcados, entre los muchos conceptos sumamente discutibles que deja el pensamiento de nuestra autoridad máxima. Y cuando en el mercado actual se puede suponer que los males que se abalanzaron sobre la tendencia solamente responden al componente importado, conviene hilvanar una serie de cuestiones locales (que están alertando ya al empresariado) y que fermentan, como para dar también su aporte a una zona de debilidades. Parece sólo casualidad que mientras los demás caían, pero conservaban alguna parte de lo ganado en el año, el índice de Buenos Aires fuera más veloz y profundo: como para pasar a ser de primero a último, incluso a punto de generar pérdidas.

Los balances, en muchos casos, han dicho lo suyo para sumar inquietud: y se forma un grueso nudo.

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