31 de mayo 2006 - 00:00

Cupones bursátiles

La noticia acerca del juicio que tenía a los dos máximos responsables de la fabulosa quiebra de la compañía Enron bajo una enorme cantidad de cargos arribó a nuestro ámbito en formato de cable y todos los medios se hicieron eco para dedicarle algún recuadro. Se conocía lo que el jurado había resuelto respecto de las acusaciones y quedaron en firme varias de las causas. El juez debería dar en setiembre la sumatoria de años de cárcel que le tocarán a cada uno. Y se agregaba que fuentes judiciales estimaban que uno de ellos podía enfrentarse a una condena de 45 años y, el otro, a una de ¡185 años!

El motivo principal del juicio versó sobre el hecho de que «ambos mintieron acerca de los problemas financieros de Enron», hasta terminar en la quiebra de 2001. Leímos algunas notas producidas en nuestro medio, al conocerse la noticia, y vimos que tomaban como asunto principal el hecho de que «allá también hay corrupción», o directamente, un ataque al sistema del Norte. Nos parece, y por eso lo reflejamos ahora, que la médula no atraviesa precisamente el tema de la corrupción (que la habrá siempre y en todos los países) sino, justamente, en la derivación. Saber a qué se arriesga el que se desvía, si lo pescan, y sin que interese demasiado el grado de importancia empresarial que posea.
Imaginar, sólo por un momento, que lleguemos aquí a poseer tal tipo de penas a los delitos económicos -oficiales y privados- es pura imaginación.

Y si cualquiera realiza un repaso, sólo a pura memoria y de una corta cantidad de años, de los hechos que explotaron en nuestro país y en qué quedaron los supuestos culpables, se caerá en la cuenta de que aquí, casi todas las veces, «el delito paga». Los riesgos resultan mínimos, y a más grande la trastada con dinero de terceros, o públicos, o con entidades bancarias, parece que más sencillo es salir indemnes de todo.  


Quedarse muy tranquilos y consolados, porque en todos lados existen los delitos económicos, resulta la fórmula doméstica más utilizada. Penalizarlos con la máxima rudeza nunca integra la agenda de gobernantes, legisladores, o de los organismos que deben velar porque los culpables se lleven el debido castigo para sus actos.

Nos parece mucho más importante remarcar qué es lo que les está por suceder a dos magnates como los que conducían la Enron, que asombrarnos porque también en los principales países existe corrupción. Largo en ejemplos de cuando interviene la SEC, ante delitos en sociedades relacionadas con lo bursátil, de qué manera marchan de uno en fila los implicados -con esposas bien puestas-y de qué modo van teniendo que asumir sus condenas. Baste cotejarlo con hechos turbios locales, que terminan por ser arreglados con «multas» ridículas. Y dale que va.

Dejá tu comentario

Te puede interesar