5 de junio 2006 - 00:00

Cupones bursátiles

Un buen ejemplo de las incertidumbres y distintos puntos de vista acerca del «qué puede suceder» en el mundo, y en las regiones más débiles, con la turbulencia desatada en el corredor financiero, la testimonian dos opiniones (publicadas en la misma edición de Ambito Financiero, el viernes).

Por una parte, la del economista Miguel Kiguel, uno de cuyos conceptos sirvió de título: «No habrá crisis en mercados emergentes», apoyado por otros y donde afirma que «seguramente habrá una corrección en los mercados emergentes, pero no veo la vulnerabilidad de las tradicionales crisis financieras». Muy bien, dos páginas más adelante aparece otro titular: «Advierte Calvo: región es vulnerable en corto plazo». Y esto es base de conceptos, llegados por agencia, del economista Guillermo Calvo. Dentro de la nota, su idea principal establece que: si se llega a registrar una crisis financiera global, derivada de los desequilibrios de Estados Unidos, los mercados emergentes serán las primeras víctimas: incluyendo a toda Latinoamérica.

Si por una parte es interesantepara el lector pensante poder decidir cuál le sugiere más probabilidad, por el otro también respalda esa impresión de estar sentados como al borde de algún volcán y del que -por ahora- solamente se han visto algunas lloviznas de cenizas. ¿Saldrá la lava? ¿Hará erupción y arrasará con la zona de crecimientos económicos y bonanzas financieras? ¿O será solamente un reacomodarse de placas, con gobernables consecuencias? Lo malo, y acudimos a la historia de las crisis, es que de entrada se suele hablar de «correcciones de crecimiento», de «nada parecido a otras crisis graves...», etc., etc. Pero, la verdad, a nosotros nos da la impresión de que nadie se anima a pronosticar qué viene detrás de estos primeros sedimentos. Si es la ola gigante, o pura espuma. El entrecruzar de aceros, entre nombres de cierta notoriedad en el mundo de los analistas económicos, abona la idea de que los inversores tendrán que arreglárselas por propias deducciones. O, en su defecto, por el viejo y eficaz olfato -también llamado «pálpito»- que más de una vez nos pone a salvo de pronósticos erróneos.

Y mientras esto sucede -y ahora el Presidente tiene mucha prisa en utilizar la palabra «ahorro»- nuestra ministra de Economía dice volver a recurrir a Chávez ( personaje al que ya son muchos los que se lo quieran quitar de encima), y adornándolo con bonos: cambiando al FMI por Chávez, con final sumamente peligroso.

Nuestro mercado de riesgo -los mercados de riesgo- prosigue navegando en aguas encrespadas. Dos ruedas de repuntes no hacen a una reversión y, cuando los precios repuntan, las órdenes se encogen. No es señal para confiarse (todo lo contrario).

Dejá tu comentario

Te puede interesar