Lo del gobierno y las AFJP ya viene cubriendo bastante letra y tiende a aburrir: más, cuando se sabe que el resultado de la «invitación» es número puesto. Pero, lo que promueve volver a tocar el asunto en nuestra columna es que, en lugar de hacer referencia solamente a aquello que se propone a las entidades, insisten desde el poder en remover un pasado tortuoso y que no los deja bien parados. En el fondo de esto, lo mismo que con muchos otros temas de la historia de estas décadas, quieren alejarse de las realidades vividas.
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Cuando hablamos de próceres, de etapas nacionales con hechos y personajes que solamente emergen de los libros, no queda otra consecuencia al ciudadano que cotejar las distintas visiones de los historiadores, agregarles documentos fidedignos que hayan quedado, y llegar a una conclusión. Y, en muchos de los casos, nos hemos formado habiendo caído en manos de historiadores que impregnaron con sus propias ponencias políticas, o sus versiones sesgadas, aquellos hechos del pasado, incidiendo en la opinión de los que veníamos atrás, a tal punto que casi no se llega a establecer bien quiénes fueron -en verdad-héroes, y quiénes villanos, en las raíces mismas de nuestra Nación.
Pero, ahora se ha inaugurado la era de falsear, o retorcer, para utilizar como trampa para crédulos, hasta todo un paño de la historia reciente y que buena parte de la población actual ha presenciado.
En el caso de la mal llamada «jubilación privada», puede decirse que todos los que son afiliados conocen bien el modo en que está instrumentado el sistema, de qué forma los sucesivos gobiernos -constitucionales- han metido mano en su caja, e imponiendo sus designios. Y lo muy limitado que tienen los administradores un campo de decisión que se pueda llamar independiente.
También conoce cada afiliado, que no haya vivido bajo un cascote, que en el ida y vuelta de pedidos y favores, los sucesivos ministros consiguieron imponer sus activos a costillas de quienes aportan, no de los que administran -que llevan lo suyo de las comisiones- y las tibias defensas que se ejercieron.
Ahora, muy sueltos de cuerpo, los mismos que originaron un sistema de «canje» a precio vil -con el consecuente perjuicio causado a las carteras- enarbolan que las AFJP habían resultado responsables por esos activos públicos. Que habían tomado, bajo la misma presión que hoy ejercen los que mandan para que vuelvan a embarcarse con deuda pública. Que irá nuevamente sobre el lomo de los afiliados, financiando obras de largo plazo y expuestos a cualquier otro tipo de manejo que ellos, o los que vengan, instrumenten. No pueden caber dudas de que colocando los fondos con total independencia de elección se podrían tener jubilaciones de regio porte. Pero, la caja es de ellos.
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